Actividades en familia
Os proponemos diferentes actividades pensadas para hacer en familia según la edad del niño, dentro de casa o al aire libre. Hay gratuitas y otras que pueden suponer una pequeña inversión.
Os animamos a preguntar a los niños qué les apetece porque se puedan implicar en la elección y la actividad se ajuste mejor a sus intereses y necesidades.
Actividades que funcionan muy bien en diversas edades (3 – 12 años)
- Biblioteca Gabriel García Márquez (Barcelona, Sant Martí). Biblioteca pública premiada como una de las mejores bibliotecas públicas del mundo.
- Parque de la Clariana i Espacio de Juego de 0 a 99 años (Barcelona). Gran espacio verde con toboganes y muchos rincones para jugar, incluso con juegos de mesa. Ubicado junto a la Plaza de las Glorias.
- Museo de Ciencias Naturales de Granollers. Museo lleno de curiosidades e incluso con planetario. Entrada gratuita y talleres o actividades familiares por un coste bajo (2-4€).
- Biblioteca del barrio. Cada biblioteca suele tener una hoja de actividades propuestas por el ayuntamiento, gratuitas y dirigidas a diferentes edades. Un montón de oportunidades para aprender y disfrutar!
Edad 3 – 6 años
- Subir al trenecito de un parque (Sabadell- Can Mercader). Actividad donde los más pequeños pueden recorrer el parque subidos a los vagones de trenes históricos, antiguos y modernos. Podéis aprovechar para visitar el parque, jugar, ver los peces y las tortugas y dar una vuelta en tren (3€).
- Cursa-cros de niños. Actividad deportiva que se realiza en los diferentes barrios y parques. Hacer deporte con tu hijo/a fortalece el vínculo, mejora la autoestima y la confianza y deja una vivencia positiva para el recuerdo.
- Plastilina casera. Con harina, agua, aceite, sal y unas gotas de colorante alimentario podemos hacer plastilina casera paso a paso. Solo hay que mezclar los ingredientes (primero calentando el agua), añadir el aceite, remover y después incorporar una taza de harina y media de sal. Removemos bien y tendremos una plastilina casera que nos puede ayudar a relajarnos y a concentrarnos mejor.
Edad 6 – 9 años
- Ir al mirador del Prat y ver los aviones salir o llegar. Ver como aterrizan y se elevan los aviones es una actividad lúdica y de aprendizaje. Podemos hablar de los aviones y también recordar donde hemos ido y donde nos gustaría viajar.
- Día de hotel a casa. Un día los adultos proponemos que elijan qué querrán almorzar y se lo preparamos y se lo llevamos a la cama, como en un hotel. Otro día, lo hacen ellos para nosotros (con acompañamiento), para poner en valor que la cura de la relación es importante.
Edad 9 – 12 años
- Ir a ver los cerezos en flor y con cerezas (por ejemplo en Sant Climent de Llobregat; Lleida). Dar un paseo por el bosque y los campos de árboles frutales para ver sus flores y como van creciente y madurando los frutos. Nos ayuda a hablar del sector primario, de la alimentación y de ver como llegan al mercado los alimentos que comemos.
- Crear un logo familiar. Un momento para crear, dibujar y pintar un logo con un eslogan que represente a la familia. Es una actividad para fortalecer el vínculo y el sentimiento de pertenencia. También se puede aprovechar para hablar de la historia de la familia o recordar buenos momentos.
- Ir al mirador del Prat y ver los aviones salir o llegar. Ver como aterrizan y salen los aviones es una actividad lúdica y de aprendizaje. Podemos hablar de los aviones y también recordar donde hemos ido y donde nos gustaría viajar.
- Preguntar a diferentes familiares como era la escuela cuando eran pequeños. Generar un espacio de diálogo entre diferentes generaciones siempre es rico. No hay que ser todos presentes, también lo podemos hacer a través del teléfono o el ordenador.
- Limpieza de espacios naturales y/o voluntariado medioambiental. Tanto en la montaña como la playa, es una oportunidad para inculcar valores ecológicos, de respeto y aprecio por la naturaleza y la diversidad de especies. Diferentes asociaciones ofrecen iniciativas (por ejemplo, limpiezas de playas y bosques): Adenc (Sabadell y Terrassa), Club Natación Barcelona (Barceloneta) o diferentes ayuntamientos, sobre todo los próximos en Collserola o en el Garraf.
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El proyecto colectivo como elemento motivador
Cuando somos un equipo en la escuela
Participar en proyectos colectivos genera en los niños muchos beneficios, favorece el desarrollo de habilidades sociales, emocionales y cognitivas, e incrementa su motivación para aprender y crear.
Un proyecto compartido despierta en el niño un interés y una motivación frutos de la pertenencia, de ser parte de este grupo con la importancia de tener un objetivo común, y de sentirse útil para lograrlo.
Somos seres sociales, y tanto el hecho de hacer en grupo como el de construir y crear, nos produce satisfacción. Por lo tanto, cuando juntamos las dos cosas en un proyecto comunitario tenemos la fuerza del grupo al servicio de la persona y la fuerza de la persona al servicio del grupo. De este modo, se incentiva la motivación para hacer, para aprender, para crear y por el bien de la comunidad, aspectos que llevan a disfrutar de lo que hacemos y más todavía, a un sentido de plenitud.
Cuando en la escuela los niños trabajan en equipo ponen en juego una serie de habilidades que serán útiles en sí mismas por la proyección a la sociedad. El hecho de interaccionar con unos objetivos claros a lograr, les dará herramientas para relacionarse y favorecerá la capacidad de escuchar y aceptar diferentes opiniones, de debatir, de argumentar, de dar valor a sus ideas, de llegar al consenso, de crear conjuntamente, de exponer, de planificar, de organizar, capacidad de razonamiento, el pensamiento crítico…
Durante el proceso, los niños se enfrentan a retos y aprenden a resolver dificultades que van surgiendo en el proceso y logran una actitud cooperativa y no competitiva, aprendiendo a aprovechar la diferencia, la riqueza de cada cual. Descubren que su papel es importante y tienen en cuenta a los otros favoreciendo su compromiso. Se hacen responsables de su tarea incidiendo directamente en su autonomía y autoestima.
Trasladamos el concepto “somos un equipo” a casa
Un niño conoce qué es un equipo gracias a un cuento, unos dibujos o un deporte, como puede ser un equipo de fútbol. Sabe que cada jugadora desarrolla su rol y cuando la defensa, la delantera y la portera están en su lugar, pendientes de la pelota y de sus compañeras, es cuando pueden marcar gol.
A partir de una metáfora próxima al niño, podemos trasladar la idea de que “en casa somos un equipo”. Cuando el niño vive esta idea, la educación en los hábitos y las responsabilidades se convierte en una experiencia compartida: se siente implicado en el funcionamiento de la familia y en su propio proceso educativo.
El niño entiende que nos implicamos en el funcionamiento del hogar para que el engranaje funcione, y cada cual hace lo que le corresponde según su etapa evolutiva. Esta idea promueve una vivencia de construir juntos, de trabajar unidos por objetivos comunes.
Esto contrasta con el modelo en el que los niños crecen pensando que los adultos hacen y ellos van preguntando y reciben. Cuando el niño se siente escuchado, siente que su aportación es valorada, la implicación y la motivación surge de manera natural. De este modo, crece siendo consciente de su propio proceso de aprendizaje de sus avances y de sus retos.
En este proyecto común, los adultos podemos ayudarlos a ver qué pueden hacer, qué pueden aprender y que quizás podrán hacer más adelante.
Algunos ejemplos pueden ser:
- pintar juntos una pared de la habitación y decidir el color (entre opciones adecuadas),
- llevar los pañales a la basura,
- construir algo juntos,
- hacer una receta o un recetario,
- remodelar la habitación,
- crear un álbum familiar,
- hacer un huerto o planificar una salida familiar.
En la familia, compartimos y celebramos tanto los éxitos individuales como los colectivos, y disfrutamos de lo que conseguimos juntos. Uno de los rasgos más bonitos del trabajo en equipo es la confianza: saber que cada cual hará su parte y que todo el mundo estará dispuesto a echar una mano cuando haga falta. Francesco Tonucci, pedagogo y dibujante (Italia 1941), en su libro “la Ciudad de los niños” y todos los proyectos que desarrolla, fomenta la participación de los niños en la vida pública y lo hace pensando en dos aspectos:
- Si hacemos las ciudades amables para los niños serán más amables para todo el mundo.
- Los niños pueden hacer aportaciones (y lo hacen cuando ven que hay una persona que se interesa).
Cuando el niño ve que su aportación es acogida se siente útil, escuchado, favorece su autoestima porque su opinión es considerada y que su demanda es validada. En definitiva, el trabajo en equipo es tan bueno por el trabajo en sí mismo como por el bienestar que genera en las personas.
Un artículo de:
Mireia Planells (técnica programa Komtü)
El autocuidado: un acto de responsabilidad para maestros y familias
En el ámbito educativo y familiar a menudo abocamos toda nuestra energía en cuidar de los otros: hijos, alumnos, compañeros de trabajo. Nos esforzamos en estar presentes, acompañar, sostener… pero a veces nos olvidamos de la base más esencial: nuestro propio bienestar. Cuando esto pasa, el resultado es casi siempre el mismo. Nos sentimos cansados, irascibles, sin paciencia ni capacidad de presencia real.
Es entonces cuando el acompañamiento pierde calidad, porque nadie puede dar aquello que no tiene. Por eso hay que empezar a ver el autocuidado no como un capricho, sino como un acto de responsabilidad. Lejos de ser un acto egoísta, es una condición necesaria para ejercer nuestro papel de acompañamiento con presencia y calidad.
¿Qué entendemos por autocuidado?
En la cultura actual, a menudo se asocia el concepto a actividades puntuales o de ocio (un masaje, un fin de semana de descanso, un regalo personal). A pesar de que estos gestos pueden formar parte del proceso, el autocuidado es, en esencia, una práctica sostenida de respeto y escucha de las propias necesidades.
Implica:
- poner límites sanos,
- reconocer cuando necesitamos ayuda,
- regular los propios estados emocionales,
- dar espacio a la pausa y al silencio,
- permitirse momentos de placer sin culpa.
Autocuidarse es, en definitiva, establecer una relación consciente con un mismo para poder estar realmente disponible por los otros.
El impacto del autocuidado en el cuerpo y el cerebro
La neurociencia nos ayuda a entender por qué esto es tan importante. Cuando vivimos en modo constante de exigencia, nuestro cuerpo activa el sistema nervioso simpático, el que está diseñado para responder al estrés. El corazón se acelera, la musculatura se tensa, aumentan los niveles de cortisol. En este estado, el cerebro funciona desde la reactividad: la amígdala, que es el centro de alarma, toma el control y nos hace más impulsivos, menos empáticos, más rígidos. En cambio, cuando nos damos espacios de pausa y nos cuidamos de manera consciente, el sistema nervioso parasimpático se activa. Este es el sistema que nos lleva calma y recuperación, el que permite que el córtex prefrontal -la parte del cerebro que regula las emociones, toma decisiones y conecta con los otros- pueda funcionar con plenitud. Esto quiere decir que, cuidándonos, no solo nos sentimos mejor: también pensamos con más claridad, reaccionamos con más serenidad y nos relacionamos con más calidad.
Dicho de otro modo: cuidar nuestra salud física y mental, nos ayuda a una mejorar la regulación emocional, a tener más empatía y más capacidad de sostener el mundo emocional de los niños y adolescentes que acompañamos.
Creencias que nos limitan
A pesar de los beneficios evidentes, hay ideas arraigadas que dificultan la práctica del autocuidado:
- “Cuidarme es ser egoísta.” En realidad, es un acto de responsabilidad: cuando estamos cansados o irritables, los otros reciben una presencia pobre o desconectada.
- “No tengo tiempo.” El autocuidado no pregunta grandes espacios, sino constancia: un respiro consciente, una pausa breve o un “hoy no puedo”.
- “Primero los otros, después yo.” Esta creencia nos conduce al desgaste. En cambio, cuidarse es asegurar que podemos estar presentes con calidad y continuidad.
El modelado: el mensaje invisible
Nuestro estado interno tiene un impacto directo en las personas que nos rodean. Los niños y adolescentes, especialmente, son extremadamente sensibles al tono emocional de los adultos. Aunque no sean conscientes, perciben la tensión, el cansancio o la calma de nuestro cuerpo y de nuestra manera de hablar. En este sentido, lo mejor que podemos ofrecer a nuestros hijos y alumnos no es un discurso sobre la importancia del bienestar, sino un modelo vivo. Cuando un docente se permite hacer una pausa antes de continuar una clase, o cuando un padre o madre dice con serenidad “necesito diez minutos para mí”, está enseñando a través del ejemplo que cuidarse es legítimo y necesario. Este modelado es probablemente una de las lecciones más valiosas que les podemos transmitir.
¿Cómo empezamos?
No se trata de hacer grandes cambios de golpe, sino de incorporar pequeñas prácticas con constancia. Algunas prácticas sencillas:
- Practica micropausas: tres respiraciones profundas diversas veces en el día.
- Aprende a decir no cuando te sobrepasa algo, sin sentir culpa.
- Escucha aquello que tu cuerpo te dice: si está cansado, si necesita moverse o descansar.
- Busca espacios para compartir tus emociones y experiencias con alguien de confianza.
- Reflexiona cada semana sobre que te ayudó a sentirte bien y que te agotó y ajusta en consecuencia.
Estas acciones, aparentemente pequeñas, acumuladas en el tiempo generan un cambio profundo en la manera como nos relacionamos con nosotros mismos y con los otros.
En definitiva, cuidarse no nos aleja de nuestra responsabilidad como padres, madres o maestras. Al contrario: nos acerca a ella con más fuerza y autenticidad. Cuando nuestro cuerpo y nuestro cerebro funcionan en armonía, tenemos la capacidad de ofrecer presencia, calma y empatía. El autocuidado no es, pues, un lujo ni una moda, sino una necesidad vital. Cuidarme a mí es, en última instancia, la mejor manera de cuidarte a ti.
Te invito a que te des permiso y empieces hoy, con pequeños gestos, a cultivar tu bienestar.
Un artículo:
Lidia Borrell (técnica programa Komtü)
Películas recomendadas para niños y adolescentes 2026
En los ratos de ocio en familia se pueden hacer muchas actividades al aire libre, y desde Komtü animamos a las familias a disfrutar y a conectar con la natura: pasear por la montaña y buscar hojas secas, jugar a pelota en la playa, correr… Pero también, cuando estamos en casa, podemos compartir actividades entretenidas con nuestros hijos e hijas, como por ejemplo juegos de mesa o hacer de cocineros.
Aquí os proponemos otra manera de pasar tiempo en familia: ver películas que, además de ser entretenidas, tienen un trasfondo educativo que ayuda a trabajar valores, la unión familiar y mucho más!
En este documento encontraréis una selección de películas estrenadas recientemente, perfectas para disfrutar en familia. Una excelente oportunidad para compartir tiempo, aprender y vivir momentos especiales conjuntamente!
Elemental
Diferencias, pertenencia e identidad.
En una ciudad donde conviven los elementos (fuego, agua, tierra y aire), la historia de amistad entre dos jóvenes muy diferentes permite abordar temas como la interculturalidad, las expectativas familiares, la identidad y la presión para encajar. Una propuesta visualmente atractiva que invita a hablar sobre convivencia, respeto y construcción del propio camino.
Edad recomendada: Todos los públicos.
Wish
Deseos, esperanza y responsabilidad colectiva.
Una aventura que reflexiona sobre el poder de los deseos y la importancia de no delegar completamente el propio criterio. Más allá del cuento clásico, abre la puerta a conversar sobre autonomía, liderazgo y la necesidad de pensamiento crítico ante figuras de poder.
Edad recomendada: Todos los públicos.
Migración: Un viaje patas arriba
Salir de la zona de confort.
Una familia de patos inicia un viaje inesperado que pone a prueba sus miedos y resistencias. Ideal para hablar de cambio, flexibilidad, protección excesiva y confianza en el crecimiento de los hijos. Con humor y ritmo ágil, facilita el diálogo intergeneracional.
Edad recomendada: Todos los públicos.
Wonka
Creatividad, perseverancia y mirada esperanzada.
La historia de los inicios del famoso chocolatero pone en valor la imaginación, la constancia y la importancia de mantener la ilusión a pesar de las dificultades. Interesante para trabajar el valor del sueño, el esfuerzo sostenido y la cooperación.
Edad recomendada: Todos los públicos.
Luca
Amistad, diferencia y crecimiento personal.
La historia de dos amigos que esconden un secreto permite abordar el miedo al rechazo, el deseo de pertenencia y el paso hace a la autonomía. Ideal para hablar de la identidad, la presión del grupo y el valor de atreverse a mostrarse tal como uno es.
Edad recomendada: +7 años.
Paddington 2
Bondad, justicia y reparación.
Con humor y ternura, esta aventura pone en valor la bondad como fuerza transformadora. Permite hablar de confianza, error, responsabilidad y de como las relaciones pueden reparar situaciones difíciles.
Edad recomendada: +7 años.
Robot Dreams
Amistad, ausencia y elaboración del luto.
Sin casi diálogo, esta película aborda la relación entre un perro y un robot, y el proceso de separación. Una propuesta sutil para hablar del vínculo, la pérdida, la aceptación y la capacidad de continuar queriendo desde el recuerdo.
Edad recomendada: +8 años.
Documentales familiares recientes
Pets (2025)
Conexión afectiva con animales y desarrollo emocional.
Este documental dirigido por Bryce Dallas Howard retrata la relación especial entre niños y sus animales de compañía. Con historias de adopciones, cuidados y momentos de complicidad, facilita conversaciones sobre la responsabilidad, la empatía y la importancia del vínculo afectivo con los animales.
Edad recomendada: +7 años.
An Update on Our Family (2025)
Mediación digital, familia y responsabilidad.
Explora una familia que difundía mucho su vida en las redes y lo que pasó con uno de sus hijos. Permite hablar de los límites digitales, respecto a los niños, y la responsabilidad que tenemos como adultos cuando hablamos del ámbito público y privado.
Edad recomendada: +12 años (con contexto adulto).
Recomendaciones para adolescentes y para disfrutar en familia
Mientras seas tú
Enfermedad, dignidad y conciencia de vida.
Retrato próximo de un proceso de enfermedad neurodegenerativa que pone en valor la dignidad, el humor y la lucidez ante la vulnerabilidad. Una propuesta para hablar de la finitud, la autonomía y el acompañamiento.
Edad recomendada: +12 años.
He Named Me Malala
Educación, derechos y valentía.
La historia real de una joven activista que defiende el derecho a la educación. Un documental potente para trabajar el compromiso social, la igualdad de género y la fuerza de la palabra como herramienta de transformación.
Edad recomendada: +12 años.
Creciendo juntos
Infancia, esperanza y contexto social.
Un retrato duro, pero sensible, de la infancia en contextos sociales vulnerabilizados. La película pone en valor la imaginación, la resiliencia y la capacidad de soñar, incluso en situaciones adversas. Recomendada para generar empatía y conciencia social.
Edad recomendada: +12 años.
Close
Amistad, masculinidad y luto.
Un relato sensible sobre la amistad en la preadolescencia y las consecuencias de la presión social. Especialmente indicada para abrir conversaciones sobre identidad, expresión emocional masculina y culpa.
Edad recomendada: +12 años.
Un amor
Relaciones, límites y ambivalencia emocional.
Una historia que explora las dinámicas de poder dentro de la pareja, el deseo de pertenencia y la dificultad de poner límites. Interesante para adolescentes a partir de 14 años puesto que nos permite reflexionar sobre autoestima, consentimiento y dependencia emocional.
Edad recomendada: +14 años.
Consejos para las familias
Después de ver una película, es genial reflexionar sobre lo que nos ha llegado de forma conjunta. Aquí te dejamos algunas preguntas para abrir un diálogo en familia:
- ¿Os ha gustado la película? ¿Porque?
- ¿Qué es lo que más os ha llamado la atención?
- ¿Os ha ayudado a ver las cosas de una manera diferente?
- ¿Cómo podemos aplicar lo aprendido en nuestra vida diaria?
Esperamos que disfrutéis mucho de estas películas y que paséis momentos especiales en familia!
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¿Cómo acompañar a los niños ante una pérdida para que no se enquiste? Aportaciones desde la neurociencia.
Nadie sueña al ser madrastra, o padrastro. De hecho es una palabra que “suena fea” y que inevitablemente nos lleva a las películas de Disney, donde todas las madrastras son malvadas y se lo pasan pipa destrozando vidas.
Ser madrastra o padrastro es algo que te encuentras, sin buscarlo, sin haberlo planificado. Y de repente, pam, la vida te da un giro de 180 grados y quizás te encuentras, como fue mi caso, de ser una mujer soltera sin hijos a formar parte de una familia numerosa.
Y entonces qué? Cómo se tiene que gestionar? Porque no hay manuales de instrucciones, ni recetas mágicas. Nomitido buena voluntad, dotes de negociación, ensayo-error y mucha, pero que mucha, paciencia. Y en este nuevo contexto te amoldas, o esto intentas, y lo haces por amor, por implicación y para querer encajar.
Además, una familia reconstituida nace de una pérdida. Porque sí, tenemos que ser muy conscientes que aquella nueva familia donde entremos ha sufrido una pérdida, una ruptura en forma de divorcio de los padres en el mejor de los casos, o una orfandad en el peor. Y estos hijos e hijas tienen todo el derecho a llevar su luto como buenamente puedan, así que la mejor recomendación que se puede hacer en este caso es entrar a pie descalzo, sin hacer mucho ruido, sin imponer nada y siendo sumamente respetuoso con el proceso de cada uno de los miembros de la familia.
El rol de la madrastra es muy complejo, es un juego constante de equilibrios entre las funciones de una madre (como la protección, la nutrición física y emocional y tantas otras) y la distancia adecuada para que los hijos e hijas de la pareja no confundan ni sientan amenazada la figura de su madre biológica. Una figura, que sí o sí, las madrastras tenemos que respetar, a la vez que tenemos que poder poner límites si vemos que estos se sobrepasan y nos afectan.
Ser madrastra o padrastro también quiere decir que a partir de ahora nos encontramos inmersos en un nuevo hogar desconocido, del que poco sabemos y que lleva su propia mochila histórica (vivencias, creencias, mitos familiares, rutinas muy establecidas…), y a la que tendremos que añadir nuestra propia mochila. Y de estas dos hacer una nueva y que sea cómoda para ambas partes.
Es indispensable mantener una comunicación constante con la nueva pareja y que esta sea muy consciente de la complejidad de encontrar un engranaje donde todo el mundo se sienta partícipe. Por eso, tiene que tener un papel muy activo de bisagra entre sus hijos y la nueva pareja, de forma que, día a día, el desconocimiento inicial se vaya transformando en pequeños gestos de complicidad hasta llegar a una relación consolidada de confianza y respeto mutuo, y por qué no, también de profundo afecto.
Pero a pesar de todos los consejos y recomendaciones que se puedan dar, nadie puede asegurar que en algunos momentos nos sentimos como un pulpo en un garaje, desubicadas, tristes o angustiadas porque no está yendo como desearíamos. Es por eso que se hace ineludible dedicar tiempo a cuidar la relación de pareja y también a cuidarse una misma, conectarnos con las propias emociones para normalizarlas, validarlas, aceptarlas y volver a un buen punto de partida y con fuerzas renovadas para seguir con este proyecto familiar nacido del amor y dónde hemos puesto tantas ilusiones.
Y nadie dijo que fuera fácil, pero tampoco imposible.
Un artículo:
Irene de Luis Suárez de Deza (técnica programa Komtü)
Selección de lecturas 2026
¿Qué le pasa a la hermanita de Alex? – Bea Taboada (ilustraciones de Dani Padrón)
La hermanita de Àlex no para de llorar y él intenta entender qué le pasa. ¿Quizás tiene truenos y nubes en la cebeza? A través de esta historia tierna e imaginativa, el cuento ayuda los niños a poner palabras a las emociones y a descubrir que, detrás de las lágrimas, a menudo hay sentimientos que necesitan ser escuchados y acogidos.
Las pequeñas (y grandes) emociones de la vida – Montse Gispert
Un libro que invita a acercarnos al mundo de las emociones que todos experimentamos: la timidez, el miedo, la alegría… A través de diferentes situaciones cotidianas, los niños pueden reconocer qué sienten y empezar a comprender mejor su propio mundo emocional.
El rugido – Eoin McLaughlin
La Tortuga ha caído mientras intentaba escalar una piedra y se ha quedado de boca arriba. Está muy enfadada y no quiere escuchar consejos ni abrazos. Pero su amigo Erizo la acompaña con paciencia. Una historia llena de humor y sensibilidad que ayuda a hablar de la rabia y de la importancia de respetar los tiempos emocionales.
El beso – Eoin McLaughlin
El Cocodrilo y el Tigre tienen mucho sueño y buscan a alguien que les dé un beso de buenas noches… pero parece que nadie les quiere ayudar. Finalmente, sus padres aparecen en el centro del libro para acompañarlos hacia el mundo de los sueños. Un cuento tierno que refuerza el vínculo y el ritual de ir a dormir.
Cuando estalla la tormenta – Bea Taboada
A veces las emociones llegan nublando la cabeza, llevando nubes, lluvias y truenos. Este relato ayuda los niños a comprender estas explosiones emocionales y a descubrir, con la ayuda de los adultos, maneras de acogerlas y atravesarlas con calma y empatía.
A veces me siento pequeña – Vanesa Martínez
A menudo pensamos que somos pequeños o que lo que hacemos no es bastante importante. Este libro recuerda a los niños que los gestos más sencillos pueden tener un gran impacto. A través de la mirada de una niña, descubrimos como cada uno de nosotros puede contribuir a hacer del mundo un lugar algo mejor.
Im-perfecto – Zuriñe Aguirre
Garabato vive dentro de la punta de un lápiz. Es muy tímido, no quiere salir de su escondrijo, porque se siente defectuoso: todo el día ve pasar figuras que son maravillosas. Hasta que un día, el lápiz le hizo ver que, a pesar de no ser perfecto como un círculo o un cuadrado, sí que puede ser muy original. Porque ser im-perfecto es una oportunidad para descubrir lo que queremos ser.
Verónica quiere un amigo – Pep Molist (ilustraciones de Ona Caussa)
Verónica lo tiene todo… pero le falta una cosa muy importante: un amigo con quién jugar, compartir secretos y vivir aventuras. Esta historia aborda con sensibilidad la necesidad de vínculo y de amistad que todos los niños sienten en algún momento.
Tengo un dragon en la tripa – Beatriz Berrocal
El protagonista de esta historia tiene que hablar en público en la obra de teatro de la escuela, pero siente como si tuviera un dragón en la panza que le hace olvidar las palabras. Un cuento que ayuda a hablar del miedo escénico y de cómo podemos aprender a gestionar los nervios y la inseguridad.
El gran libro de las emociones – María Menéndez-Ponte
Reconocer y saber expresar emociones y sentimientos es fundamental en el desarrollo de los niños. A veces, los adultos entendemos qué sienten, pero no sabemos cómo explicárselo para que sean capaces de comprenderse mejor.
El día que las oleadas del mar entraron en mi barriga – Cinta Arasa
Arán recuerda las mejores vacaciones de su vida, el verano que conoció a sus amigos de la Isla. El verano que salió a navegar muchos días, contempló las estrellas del cielo y buceó para ver los peces de colores al fondo del mar. El verano que descubrió una sensación difícil de explicar, y que es cómo si las olas del mar te entraran en la barriga. Una historia llena de sensibilidad que habla de los primeros sentimientos y de aquellas experiencias que nos ayudan a crecer.
L’arbre i jo – Blanca Bravo
La Mariavebaixabé tiene una relación muy especial con su abuelo, que la ha cuidado desde pequeña porque los padres siempre trabajan. El yayo es un hombre feliz y muy original: pinta, esculpe e inventa cosas, pero, sobre todo, está enamorado de los árboles. La nieta lo observa, lo imita y lo quiere con todo el corazón. Sin darse cuenta, ha aprendido del abuelo verdaderos lecciones de vida, de una vida que no se imagina sin él.
Mamá, ¿por qué me enfado? – Diana Jiménez
Un nuevo cuento pensado para ayudar los más pequeños a gestionar el enfado, la rabia y la frustración. A través de la historia de Alonso, los niños aprenderán a identificar qué sienten y por qué. El libro ofrece herramientas sencillas para encontrar el “lugar de la calma” y regular las emociones en momentos difíciles. Además, incluye una guía con actividades para trabajar en familia.
Molas mucho: Una guía para surfear la adolescencia – Miriam Tirado
Ser adolescente o preadoslecente no es nada fácil. A veces no te entiendes ni a ti mismo: las emociones se te hacen bola, la cabeza no para y el cuerpo te crece y te cambia a un ritmo incómodo. Puedes sentir que te ahogas!
En este libro, Míriam Tirado comparte reflexiones y herramientas para que chicos y chicas entiendan mejor qué les pasa y puedan vivir esta etapa con más seguridad y confianza en ellos mismos.
La botiga de les vides – Adrià Aguacil
Júlia se siente diferente a sus compañeros y piensa que nunca encajará. Un día descubre una tienda muy especial donde se pueden comprar vidas nuevas… pero cada decisión tiene consecuencias. Una historia que invita a reflexionar sobre la identidad, la autoaceptación y el valor de ser un mismo.
Recomendacioens libros adultos
Criar juntos – Míriam Tirado
En este libro, Míriam Tirado (especialista en maternidad, paternidad y crianza) invita las parejas a mirarse con honestidad para detectar aquellos aspectos de la relación que pueden necesitar más cura. A través de reflexiones y propuestas prácticas, nos anima a crecer como pareja. Una lectura inspiradora tanto para quien está pensando a tener hijos como para quienes ya está inmerso en la crianza y quiere continuar construyendo una relación más consciente y conectada.
Educación emocional y apego – Rafa Guerrero
Rafa Guerrero acerca la educación emocional y el apego desde una mirada clara y accesible. El libro ofrece herramientas prácticas para comprender mejor qué pasa dentro del mundo emocional de los niños y como podemos acompañarlos para que desarrollen una autoestima saludable y aprendan a gestionar aquello que sienten. Una guía útil para familias y profesionales que quieren profundizar en el acompañamiento emocional.
Sentir – Míriam Tirado
Entender las propias emociones y saber acoger las de los otros no siempre es fácil. Muchas personas no hemos recibido educación emocional ni herramientas para saber qué hacer con lo que sentimos. En este libro, Míriam Tirado nos invita a reconectar con el mundo emocional y nos ofrece recursos para acompañarnos mejor a nosotros mismos y a las personas que queremos.
No sense el meu mòbil – Jaume Funes
El mundo digital forma parte de la vida de los niños y adolescentes, nos guste o no. En este libro, Jaume Funes nos propone una mirada reflexiva sobre cómo acompañarlos en este contexto. Más que censurar o prohibir, el autor nos recuerda la importancia de mirar, observar, escuchar, ver y preguntar. Una lectura que ayuda a abordar con más conciencia uno de los grandes retos educativos actuales.
Educar mejor – Carles Capdevila
Carles Capdevila nos recuerda que educar es una tarea compleja pero también apasionante. Con humor, reflexión y mirada humanista, este libro recoge conversaciones con profesionales del mundo educativo que comparten experiencias y visiones diversas sobre la educación. Una invitación a pensarla conjuntamente y a construir complicidades entre familias, escuela y sociedad.
Cómo cuidar la salud emocional – Eva Bach
Eva Bach nos ofrece un libro lleno de sensibilidad y sabiduría práctica para reconciliarnos con nuestras emociones, especialmente con las más difíciles. A través de reflexiones y recursos concretos, nos ayuda a conocernos mejor y a poder acompañar con más cura el desarrollo emocional de los niños y adolescentes que tenemos cerca.
Me gusta la familia que me ha tocado – Carme Thió de Pol
Fruto de más de treinta años de trabajo con grupos de familias, este libro aborda muchas de las inquietudes habituales en la crianza: los celos, los miedos, la inseguridad o los conflictos cotidianos. Con una mirada comprensiva y realista, Carme Thió ofrece pistas y maneras de comunicarnos que pueden ayudar a mejorar las relaciones familiares.
T’escolto, t’entenc, t’estimo… i per això t’educaré sense sentir-me culpable – M. Jesús Comellas
Un libro pensado para familias que a menudo se sienten desorientadas entre teorías educativas y expectativas sociales. M. Jesús Comellas invita a recuperar la confianza en el papel de los adultos que educan, alejándose del sentimiento de culpa y reivindicando una educación basada en la responsabilidad, el afecto y la coherencia.
El arte de educar con amor – Xavier Caparrós
Este libro propone una reflexión profunda sobre el sentido de educar y sobre el papel que tenemos las personas adultas en el acompañamiento de los niños. Con una mirada humanista, nos invita a repensar la manera como educamos y a construir entornos que favorezcan el crecimiento, la libertad y la dignidad de cada persona.
Este trozo de vida – Estel Solé
A pesar de que no es un libro específicamente sobre crianza, esta novela de Estrella Solé aborda con sensibilidad temas como la conciliación, la pérdida, la vulnerabilidad y la resiliencia. Historias que pueden resonar a muchas familias y que invitan a mirar la vida cotidiana con una nueva perspectiva emocional.
La escuela que escucha – Mario Izcovich
Este libro invita a repensar la escuela como un espacio donde la escucha activa y respetuosa acontece el centro de la convivencia y del aprendizaje. A través de ejemplos y estrategias concretas, muestra como escuchar de verdad —más allá de sentir— puede favorecer relaciones más empáticas entre alumnado, profesorado y familias, y contribuir a construir comunidades educativas más cohesionadas.
Enseñar y aprender en Educación Primaria – Carles Monereo, Antoni Badia i Juan Ignacio Pozo
Este manual, de acceso libre y gratuito, es un recurso valioso para profesionales de la educación. Recoge evidencias científicas actualizadas sobre como promover aprendizajes significativos en la etapa de Primaria y las traduce en orientaciones prácticas aplicables en el día a día del aula.
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¿Qué puedo hacer si no quiero “castigar”?
Nadie sueña al ser madrastra, o padrastro. De hecho es una palabra que “suena fea” y que inevitablemente nos lleva a las películas de Disney, donde todas las madrastras son malvadas y se lo pasan pipa destrozando vidas.
Ser madrastra o padrastro es algo que te encuentras, sin buscarlo, sin haberlo planificado. Y de repente, pam, la vida te da un giro de 180 grados y quizás te encuentras, como fue mi caso, de ser una mujer soltera sin hijos a formar parte de una familia numerosa.
Y entonces qué? Cómo se tiene que gestionar? Porque no hay manuales de instrucciones, ni recetas mágicas. Nomitido buena voluntad, dotes de negociación, ensayo-error y mucha, pero que mucha, paciencia. Y en este nuevo contexto te amoldas, o esto intentas, y lo haces por amor, por implicación y para querer encajar.
Además, una familia reconstituida nace de una pérdida. Porque sí, tenemos que ser muy conscientes que aquella nueva familia donde entremos ha sufrido una pérdida, una ruptura en forma de divorcio de los padres en el mejor de los casos, o una orfandad en el peor. Y estos hijos e hijas tienen todo el derecho a llevar su luto como buenamente puedan, así que la mejor recomendación que se puede hacer en este caso es entrar a pie descalzo, sin hacer mucho ruido, sin imponer nada y siendo sumamente respetuoso con el proceso de cada uno de los miembros de la familia.
El rol de la madrastra es muy complejo, es un juego constante de equilibrios entre las funciones de una madre (como la protección, la nutrición física y emocional y tantas otras) y la distancia adecuada para que los hijos e hijas de la pareja no confundan ni sientan amenazada la figura de su madre biológica. Una figura, que sí o sí, las madrastras tenemos que respetar, a la vez que tenemos que poder poner límites si vemos que estos se sobrepasan y nos afectan.
Ser madrastra o padrastro también quiere decir que a partir de ahora nos encontramos inmersos en un nuevo hogar desconocido, del que poco sabemos y que lleva su propia mochila histórica (vivencias, creencias, mitos familiares, rutinas muy establecidas…), y a la que tendremos que añadir nuestra propia mochila. Y de estas dos hacer una nueva y que sea cómoda para ambas partes.
Es indispensable mantener una comunicación constante con la nueva pareja y que esta sea muy consciente de la complejidad de encontrar un engranaje donde todo el mundo se sienta partícipe. Por eso, tiene que tener un papel muy activo de bisagra entre sus hijos y la nueva pareja, de forma que, día a día, el desconocimiento inicial se vaya transformando en pequeños gestos de complicidad hasta llegar a una relación consolidada de confianza y respeto mutuo, y por qué no, también de profundo afecto.
Pero a pesar de todos los consejos y recomendaciones que se puedan dar, nadie puede asegurar que en algunos momentos nos sentimos como un pulpo en un garaje, desubicadas, tristes o angustiadas porque no está yendo como desearíamos. Es por eso que se hace ineludible dedicar tiempo a cuidar la relación de pareja y también a cuidarse una misma, conectarnos con las propias emociones para normalizarlas, validarlas, aceptarlas y volver a un buen punto de partida y con fuerzas renovadas para seguir con este proyecto familiar nacido del amor y dónde hemos puesto tantas ilusiones.
Y nadie dijo que fuera fácil, pero tampoco imposible.
Un artículo:
Irene de Luis Suárez de Deza (técnica programa Komtü)
El sueño de ser madrastra
Nadie sueña al ser madrastra, o padrastro. De hecho es una palabra que “suena fea” y que inevitablemente nos lleva a las películas de Disney, donde todas las madrastras son malvadas y se lo pasan pipa destrozando vidas.
Ser madrastra o padrastro es algo que te encuentras, sin buscarlo, sin haberlo planificado. Y de repente, pam, la vida te da un giro de 180 grados y quizás te encuentras, como fue mi caso, de ser una mujer soltera sin hijos a formar parte de una familia numerosa.
Y entonces qué? Cómo se tiene que gestionar? Porque no hay manuales de instrucciones, ni recetas mágicas. Nomitido buena voluntad, dotes de negociación, ensayo-error y mucha, pero que mucha, paciencia. Y en este nuevo contexto te amoldas, o esto intentas, y lo haces por amor, por implicación y para querer encajar.
Además, una familia reconstituida nace de una pérdida. Porque sí, tenemos que ser muy conscientes que aquella nueva familia donde entremos ha sufrido una pérdida, una ruptura en forma de divorcio de los padres en el mejor de los casos, o una orfandad en el peor. Y estos hijos e hijas tienen todo el derecho a llevar su luto como buenamente puedan, así que la mejor recomendación que se puede hacer en este caso es entrar a pie descalzo, sin hacer mucho ruido, sin imponer nada y siendo sumamente respetuoso con el proceso de cada uno de los miembros de la familia.
El rol de la madrastra es muy complejo, es un juego constante de equilibrios entre las funciones de una madre (como la protección, la nutrición física y emocional y tantas otras) y la distancia adecuada para que los hijos e hijas de la pareja no confundan ni sientan amenazada la figura de su madre biológica. Una figura, que sí o sí, las madrastras tenemos que respetar, a la vez que tenemos que poder poner límites si vemos que estos se sobrepasan y nos afectan.
Ser madrastra o padrastro también quiere decir que a partir de ahora nos encontramos inmersos en un nuevo hogar desconocido, del que poco sabemos y que lleva su propia mochila histórica (vivencias, creencias, mitos familiares, rutinas muy establecidas…), y a la que tendremos que añadir nuestra propia mochila. Y de estas dos hacer una nueva y que sea cómoda para ambas partes.
Es indispensable mantener una comunicación constante con la nueva pareja y que esta sea muy consciente de la complejidad de encontrar un engranaje donde todo el mundo se sienta partícipe. Por eso, tiene que tener un papel muy activo de bisagra entre sus hijos y la nueva pareja, de forma que, día a día, el desconocimiento inicial se vaya transformando en pequeños gestos de complicidad hasta llegar a una relación consolidada de confianza y respeto mutuo, y por qué no, también de profundo afecto.
Pero a pesar de todos los consejos y recomendaciones que se puedan dar, nadie puede asegurar que en algunos momentos nos sentimos como un pulpo en un garaje, desubicadas, tristes o angustiadas porque no está yendo como desearíamos. Es por eso que se hace ineludible dedicar tiempo a cuidar la relación de pareja y también a cuidarse una misma, conectarnos con las propias emociones para normalizarlas, validarlas, aceptarlas y volver a un buen punto de partida y con fuerzas renovadas para seguir con este proyecto familiar nacido del amor y dónde hemos puesto tantas ilusiones.
Y nadie dijo que fuera fácil, pero tampoco imposible.
Un artículo:
Irene de Luis Suárez de Deza (técnica programa Komtü)
Culpa y vergüenza: emociones silenciadas que piden ser escuchadas
Anteriormente, habíamos propuesto algunas ideas en que trabajábamos la conciencia y la expresión emocionales. A continuación, os compartimos nuevas ideas para seguir compartiendo las emociones en familia.
1. «CREA TU EMOTICONO»
Podéis haceros fotos con diferentes expresiones faciales, imprimirlas, recortarlas y pegarlas con blue tac en la ruleta.
2. PICTOGRAMAS
Podéis crear pictogramas que representen acciones sencillas que ayuden a vuestros hijos e hijas a gestionar sus emociones.
- Subir y bajar escaleras
- Respirar
- Hablar
- Dibujar
- Pasear
- Estrechar un cojín
- Hacer bolitas de papel
- Leer un cuento
- Abrazar
- Llorar
- Dejar algún espacio para que dibujen alguna otra acción

3. ESCUCHAR PIEZAS DE MÚSICA QUE CONECTEN CON CADA EMOCIÓN
Cada miembro de la familia propone una canción en función de la emoción que le haya tocado al girar la ruleta y la escucháis juntos.
Por ejemplo: “I’m walking on sunshine” si me ha tocado la alegría.
4. ESCUCHAR UNA CANCIÓN Y BAILARLA SEGÚN LA EMOCIÓN QUE OS HAYA SALIDO EN LA RULETA
- ¿Cómo bailaría esta canción si estuviese triste?
- ¿Cómo bailaría esta canción si estuviese alegre?
- ¿Cómo bailaría esta canción cuando siento amor?
- ¿Cómo bailaría esta canción cuando siento asco?
- ¿Cómo bailaría esta canción cuando siento calma?
- ¿Cómo bailaría esta canción cuando siento miedo?
- ¿Cómo bailaría esta canción cuando siento sorpresa?
- ¿Cómo bailaría esta canción cuando siento nervios?
- ¿Cómo bailaría esta canción cuando siento rabia?
- ¿Cómo bailaría esta canción cuando siento vergüenza?
5. JUGAR CON LOS SENTIDOS
Por turnos completad las frases:
Si esta emoción fuese un olor, sería…
Si esta emoción fuese un sabor, sería…
A continuación, haced rodar la ruleta y a jugar!
- ¿tristeza?
- ¿alegría?
- ¿amor?
- ¿asco?
- ¿calma?
- ¿miedo?
- ¿sorpresa?
- ¿nervios?
- ¿rabia?
- ¿vergüenza?
Propuestas para seguir jugando con la ruleta y conocer nuestras emociones en familia
Anteriormente, habíamos propuesto algunas ideas en que trabajábamos la conciencia y la expresión emocionales. A continuación, os compartimos nuevas ideas para seguir compartiendo las emociones en familia.
1. «CREA TU EMOTICONO»
Podéis haceros fotos con diferentes expresiones faciales, imprimirlas, recortarlas y pegarlas con blue tac en la ruleta.
2. PICTOGRAMAS
Podéis crear pictogramas que representen acciones sencillas que ayuden a vuestros hijos e hijas a gestionar sus emociones.
- Subir y bajar escaleras
- Respirar
- Hablar
- Dibujar
- Pasear
- Estrechar un cojín
- Hacer bolitas de papel
- Leer un cuento
- Abrazar
- Llorar
- Dejar algún espacio para que dibujen alguna otra acción

3. ESCUCHAR PIEZAS DE MÚSICA QUE CONECTEN CON CADA EMOCIÓN
Cada miembro de la familia propone una canción en función de la emoción que le haya tocado al girar la ruleta y la escucháis juntos.
Por ejemplo: “I’m walking on sunshine” si me ha tocado la alegría.
4. ESCUCHAR UNA CANCIÓN Y BAILARLA SEGÚN LA EMOCIÓN QUE OS HAYA SALIDO EN LA RULETA
- ¿Cómo bailaría esta canción si estuviese triste?
- ¿Cómo bailaría esta canción si estuviese alegre?
- ¿Cómo bailaría esta canción cuando siento amor?
- ¿Cómo bailaría esta canción cuando siento asco?
- ¿Cómo bailaría esta canción cuando siento calma?
- ¿Cómo bailaría esta canción cuando siento miedo?
- ¿Cómo bailaría esta canción cuando siento sorpresa?
- ¿Cómo bailaría esta canción cuando siento nervios?
- ¿Cómo bailaría esta canción cuando siento rabia?
- ¿Cómo bailaría esta canción cuando siento vergüenza?
5. JUGAR CON LOS SENTIDOS
Por turnos completad las frases:
Si esta emoción fuese un olor, sería…
Si esta emoción fuese un sabor, sería…
A continuación, haced rodar la ruleta y a jugar!
- ¿tristeza?
- ¿alegría?
- ¿amor?
- ¿asco?
- ¿calma?
- ¿miedo?
- ¿sorpresa?
- ¿nervios?
- ¿rabia?
- ¿vergüenza?










