Com acompanyar als infants davant d’una pèrdua

¿Cómo acompañar a los niños ante una pérdida para que no se enquiste? Aportaciones desde la neurociencia.

Nadie sueña al ser madrastra, o padrastro. De hecho es una palabra que “suena fea” y que inevitablemente nos lleva a las películas de D​​isney​, donde todas las madrastras son malvadas y se lo pasan pipa destrozando vidas. ​​​ 

Ser madrastra o padrastro es algo que te encuentras, sin buscarlo, sin haberlo planificado​.​ ​Y ​de repente, pam, la vida te da un giro de 180 grados y quizás te encuentras, como fue mi caso, de ser una mujer soltera sin hijos a formar parte de una familia numerosa.

Y entonces qué? Cómo se tiene que gestionar? Porque no hay manuales de instrucciones, ni recetas mágicas​.​​ ​​N​omitido buena voluntad, dotes de negociación, ensayo-error y mucha, pero que mucha​,​ paciencia. Y en este nuevo contexto te amoldas, o esto intentas, y lo haces por amor, por implicación y para querer encajar. 

Además, una familia reconstituida nace de una pérdida. Porque sí, tenemos que ser muy conscientes que aquella nueva familia ​donde​​ ​entremos ha sufrido una pérdida, una ruptura en forma de divorcio de los padres en el mejor de los casos, o una orfandad en el peor. Y estos hijos e hijas tienen todo el derecho a llevar su luto como buenamente puedan, así que la mejor recomendación que se puede hacer en este caso es entrar a pie descalzo, sin hacer mucho ruido, sin imponer nada y siendo sumamente respetuoso con el proceso de cada uno de los miembros de la familia.

El rol de la madrastra es muy complejo, es un juego constante de equilibrios entre las funciones de una madre (como la protección, la nutrición física y emocional y tantas otras) y la distancia adecuada para que los hijos e hijas de la pareja no confundan ni sientan amenazada la figura de su madre biológica. Una  figura,  que sí o sí, las madrastras tenemos que respetar, a la vez que tenemos que poder poner límites si vemos que estos se sobrepasan y nos afectan. 

​​Ser madrastra o padrastro también quiere decir que a partir de ahora nos encontramos inmersos en un nuevo hogar desconocido, del que poco sabemos y que lleva su propia mochila histórica (vivencias, creencias, mitos familiares, rutinas muy establecidas​​…), y a la que tendremos que añadir nuestra propia mochila​.​​​ Y ​de estas dos hacer una nueva y que sea cómoda para ambas partes. ​

Es indispensable ​mantener una comunicación constante​​ con la nueva pareja​ y que esta sea muy consciente de la complejidad de encontrar un engranaje donde todo el mundo se sienta partícipe​.​​ Por eso, tiene que tener un papel muy activo de bisagra entre sus hijos y la nueva pareja​, de forma que, día a día,​ ​el desconocimiento inicial se vaya transformando en pequeños gestos de complicidad hasta llegar a una relación consolidada de confianza y respeto mutuo, y por qué no, también de profundo afecto.  

Pero a pesar de todos los consejos y recomendaciones que se puedan dar, nadie puede asegurar que en algunos momentos nos sentimos como un pulpo en un garaje, desubicadas, tristes o angustiadas porque no está yendo como desearíamos. Es por eso que se hace ineludible dedicar tiempo a cuidar la relación de pareja y también a cuidarse una misma, conectarnos con las propias emociones  para normalizarlas, validarlas, aceptarlas y volver a un buen punto de partida y con fuerzas renovadas para seguir con este proyecto familiar nacido del amor y dónde hemos puesto tantas ilusiones. 

Y nadie dijo que fuera fácil, pero tampoco imposible.

Un artículo:

Irene de Luis Suárez de Deza (técnica programa Komtü)


Selección de lecturas 2026

¿Qué le pasa a la hermanita de Alex? –  Bea Taboada (ilustraciones de Dani Padrón)

La hermanita de Àlex no para de llorar y él intenta entender qué le pasa. ¿Quizás tiene truenos y nubes en la cebeza? A través de esta historia tierna e imaginativa, el cuento ayuda los niños a poner palabras a las emociones y a descubrir que, detrás de las lágrimas, a menudo hay sentimientos que necesitan ser escuchados y acogidos.

Las pequeñas (y grandes) emociones de la vida – Montse Gispert

Un libro que invita a acercarnos al mundo de las emociones que todos experimentamos: la timidez, el miedo, la alegría… A través de diferentes situaciones cotidianas, los niños pueden reconocer qué sienten y empezar a comprender mejor su propio mundo emocional.

El rugido – Eoin McLaughlin

La Tortuga ha caído mientras intentaba escalar una piedra y se ha quedado de boca arriba. Está muy enfadada y no quiere escuchar consejos ni abrazos. Pero su amigo Erizo la acompaña con paciencia. Una historia llena de humor y sensibilidad que ayuda a hablar de la rabia y de la importancia de respetar los tiempos emocionales. 

El beso – Eoin McLaughlin

El Cocodrilo y el Tigre tienen mucho sueño y buscan a alguien que les dé un beso de buenas noches… pero parece que nadie les quiere ayudar. Finalmente, sus padres aparecen en el centro del libro para acompañarlos hacia el mundo de los sueños. Un cuento tierno que refuerza el vínculo y el ritual de ir a dormir.

Cuando estalla la tormenta – Bea Taboada

A veces las emociones llegan nublando la cabeza, llevando nubes, lluvias y truenos. Este relato ayuda los niños a comprender estas explosiones emocionales y a descubrir, con la ayuda de los adultos, maneras de acogerlas y atravesarlas con calma y empatía.

A veces me siento pequeña – Vanesa Martínez

A menudo pensamos que somos pequeños o que lo que hacemos no es bastante importante. Este libro recuerda a los niños que los gestos más sencillos pueden tener un gran impacto. A través de la mirada de una niña, descubrimos como cada uno de nosotros puede contribuir a hacer del mundo un lugar algo mejor. 

Im-perfecto – Zuriñe Aguirre

Garabato vive dentro de la punta de un lápiz. Es muy tímido, no quiere salir de su escondrijo, porque se siente defectuoso: todo el día ve pasar figuras que son maravillosas. Hasta que un día, el lápiz le hizo ver que, a pesar de no ser perfecto como un círculo o un cuadrado, sí que puede ser muy original. Porque ser im-perfecto es una oportunidad para descubrir lo que queremos ser.

Verónica quiere un amigo – Pep Molist (ilustraciones de Ona Caussa)

Verónica lo tiene todo… pero le falta una cosa muy importante: un amigo con quién jugar, compartir secretos y vivir aventuras. Esta historia aborda con sensibilidad la necesidad de vínculo y de amistad que todos los niños sienten en algún momento.

Tengo un dragon en la tripa – Beatriz Berrocal

El protagonista de esta historia tiene que hablar en público en la obra de teatro de la escuela, pero siente como si tuviera un dragón en la panza que le hace olvidar las palabras. Un cuento que ayuda a hablar del miedo escénico y de cómo podemos aprender a gestionar los nervios y la inseguridad.

El gran libro de las emociones – María Menéndez-Ponte

Reconocer y saber expresar emociones y sentimientos es fundamental en el desarrollo de los niños. A veces, los adultos entendemos qué sienten, pero no sabemos cómo explicárselo para que sean capaces de comprenderse mejor.

El día que las oleadas del mar entraron en mi barriga – Cinta Arasa

Arán recuerda las mejores vacaciones de su vida, el verano que conoció a sus amigos de la Isla. El verano que salió a navegar muchos días, contempló las estrellas del cielo y buceó para ver los peces de colores al fondo del mar. El verano que descubrió una sensación difícil de explicar, y que es cómo si las olas del mar te entraran en la barriga.  Una historia llena de sensibilidad que habla de los primeros sentimientos y de aquellas experiencias que nos ayudan a crecer.

L’arbre i jo – Blanca Bravo

La Mariavebaixabé tiene una relación muy especial con su abuelo, que la ha cuidado desde pequeña porque los padres siempre trabajan. El yayo es un hombre feliz y muy original: pinta, esculpe e inventa cosas, pero, sobre todo, está enamorado de los árboles. La nieta lo observa, lo imita y lo quiere con todo el corazón. Sin darse cuenta, ha aprendido del abuelo verdaderos lecciones de vida, de una vida que no se imagina sin él.

Mamá, ¿por qué me enfado? – Diana Jiménez

Un nuevo cuento pensado para ayudar los más pequeños a gestionar el enfado, la rabia y la frustración. A través de la historia de Alonso, los niños aprenderán a identificar qué sienten y por qué. El libro ofrece herramientas sencillas para encontrar el “lugar de la calma” y regular las emociones en momentos difíciles. Además, incluye una guía con actividades para trabajar en familia.

Molas mucho: Una guía para surfear la adolescencia – Miriam Tirado

Ser adolescente o preadoslecente no es nada fácil. A veces no te entiendes ni a ti mismo: las emociones se te hacen bola, la cabeza no para y el cuerpo te crece y te cambia a un ritmo incómodo. Puedes sentir que te ahogas!
En este libro, Míriam Tirado comparte reflexiones y herramientas para que chicos y chicas entiendan mejor qué les pasa y puedan vivir esta etapa con más seguridad y confianza en ellos mismos.

La botiga de les vides – Adrià Aguacil

Júlia se siente diferente a sus compañeros y piensa que nunca encajará. Un día descubre una tienda muy especial donde se pueden comprar vidas nuevas… pero cada decisión tiene consecuencias. Una historia que invita a reflexionar sobre la identidad, la autoaceptación y el valor de ser un mismo.

Recomendacioens libros adultos

 

Criar juntos – Míriam Tirado

En este libro, Míriam Tirado (especialista en maternidad, paternidad y crianza) invita las parejas a mirarse con honestidad para detectar aquellos aspectos de la relación que pueden necesitar más cura. A través de reflexiones y propuestas prácticas, nos anima a crecer como pareja. Una lectura inspiradora tanto para quien está pensando a tener hijos como para quienes ya está inmerso en la crianza y quiere continuar construyendo una relación más consciente y conectada.  

Educación emocional y apego – Rafa Guerrero

Rafa Guerrero acerca la educación emocional y el apego desde una mirada clara y accesible. El libro ofrece herramientas prácticas para comprender mejor qué pasa dentro del mundo emocional de los niños y como podemos acompañarlos para que desarrollen una autoestima saludable y aprendan a gestionar aquello que sienten. Una guía útil para familias y profesionales que quieren profundizar en el acompañamiento emocional.

Sentir – Míriam Tirado

Entender las propias emociones y saber acoger las de los otros no siempre es fácil. Muchas personas no hemos recibido educación emocional ni herramientas para saber qué hacer con lo que sentimos. En este libro, Míriam Tirado nos invita a reconectar con el mundo emocional y nos ofrece recursos para acompañarnos mejor a nosotros mismos y a las personas que queremos.

No sense el meu mòbil – Jaume Funes

El mundo digital forma parte de la vida de los niños y adolescentes, nos guste o no. En este libro, Jaume Funes nos propone una mirada reflexiva sobre cómo acompañarlos en este contexto. Más que censurar o prohibir, el autor nos recuerda la importancia de mirar, observar, escuchar, ver y preguntar. Una lectura que ayuda a abordar con más conciencia uno de los grandes retos educativos actuales. 

Educar mejor – Carles Capdevila

Carles Capdevila nos recuerda que educar es una tarea compleja pero también apasionante. Con humor, reflexión y mirada humanista, este libro recoge conversaciones con profesionales del mundo educativo que comparten experiencias y visiones diversas sobre la educación. Una invitación a pensarla conjuntamente y a construir complicidades entre familias, escuela y sociedad.

Cómo cuidar la salud emocional – Eva Bach

Eva Bach nos ofrece un libro lleno de sensibilidad y sabiduría práctica para reconciliarnos con nuestras emociones, especialmente con las más difíciles. A través de reflexiones y recursos concretos, nos ayuda a conocernos mejor y a poder acompañar con más cura el desarrollo emocional de los niños y adolescentes que tenemos cerca.

Me gusta la familia que me ha tocado – Carme Thió de Pol

Fruto de más de treinta años de trabajo con grupos de familias, este libro aborda muchas de las inquietudes habituales en la crianza: los celos, los miedos, la inseguridad o los conflictos cotidianos. Con una mirada comprensiva y realista, Carme Thió ofrece pistas y maneras de comunicarnos que pueden ayudar a mejorar las relaciones familiares.

T’escolto, t’entenc, t’estimo… i per això t’educaré sense sentir-me culpable – M. Jesús Comellas

Un libro pensado para familias que a menudo se sienten desorientadas entre teorías educativas y expectativas sociales. M. Jesús Comellas invita a recuperar la confianza en el papel de los adultos que educan, alejándose del sentimiento de culpa y reivindicando una educación basada en la responsabilidad, el afecto y la coherencia.

El arte de educar con amor – Xavier Caparrós

Este libro propone una reflexión profunda sobre el sentido de educar y sobre el papel que tenemos las personas adultas en el acompañamiento de los niños. Con una mirada humanista, nos invita a repensar la manera como educamos y a construir entornos que favorezcan el crecimiento, la libertad y la dignidad de cada persona.

Este trozo de vida – Estel Solé

A pesar de que no es un libro específicamente sobre crianza, esta novela de Estrella Solé aborda con sensibilidad temas como la conciliación, la pérdida, la vulnerabilidad y la resiliencia. Historias que pueden resonar a muchas familias y que invitan a mirar la vida cotidiana con una nueva perspectiva emocional.

La escuela que escucha – Mario Izcovich

Este libro invita a repensar la escuela como un espacio donde la escucha activa y respetuosa acontece el centro de la convivencia y del aprendizaje. A través de ejemplos y estrategias concretas, muestra como escuchar de verdad —más allá de sentir— puede favorecer relaciones más empáticas entre alumnado, profesorado y familias, y contribuir a construir comunidades educativas más cohesionadas.

Enseñar y aprender en Educación Primaria – Carles Monereo, Antoni Badia i Juan Ignacio Pozo

Este manual, de acceso libre y gratuito, es un recurso valioso para profesionales de la educación. Recoge evidencias científicas actualizadas sobre como promover aprendizajes significativos en la etapa de Primaria y las traduce en orientaciones prácticas aplicables en el día a día del aula.

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¿Qué puedo hacer si no quiero “castigar”?

Nadie sueña al ser madrastra, o padrastro. De hecho es una palabra que “suena fea” y que inevitablemente nos lleva a las películas de D​​isney​, donde todas las madrastras son malvadas y se lo pasan pipa destrozando vidas. ​​​ 

Ser madrastra o padrastro es algo que te encuentras, sin buscarlo, sin haberlo planificado​.​ ​Y ​de repente, pam, la vida te da un giro de 180 grados y quizás te encuentras, como fue mi caso, de ser una mujer soltera sin hijos a formar parte de una familia numerosa.

Y entonces qué? Cómo se tiene que gestionar? Porque no hay manuales de instrucciones, ni recetas mágicas​.​​ ​​N​omitido buena voluntad, dotes de negociación, ensayo-error y mucha, pero que mucha​,​ paciencia. Y en este nuevo contexto te amoldas, o esto intentas, y lo haces por amor, por implicación y para querer encajar. 

Además, una familia reconstituida nace de una pérdida. Porque sí, tenemos que ser muy conscientes que aquella nueva familia ​donde​​ ​entremos ha sufrido una pérdida, una ruptura en forma de divorcio de los padres en el mejor de los casos, o una orfandad en el peor. Y estos hijos e hijas tienen todo el derecho a llevar su luto como buenamente puedan, así que la mejor recomendación que se puede hacer en este caso es entrar a pie descalzo, sin hacer mucho ruido, sin imponer nada y siendo sumamente respetuoso con el proceso de cada uno de los miembros de la familia.

El rol de la madrastra es muy complejo, es un juego constante de equilibrios entre las funciones de una madre (como la protección, la nutrición física y emocional y tantas otras) y la distancia adecuada para que los hijos e hijas de la pareja no confundan ni sientan amenazada la figura de su madre biológica. Una  figura,  que sí o sí, las madrastras tenemos que respetar, a la vez que tenemos que poder poner límites si vemos que estos se sobrepasan y nos afectan. 

​​Ser madrastra o padrastro también quiere decir que a partir de ahora nos encontramos inmersos en un nuevo hogar desconocido, del que poco sabemos y que lleva su propia mochila histórica (vivencias, creencias, mitos familiares, rutinas muy establecidas​​…), y a la que tendremos que añadir nuestra propia mochila​.​​​ Y ​de estas dos hacer una nueva y que sea cómoda para ambas partes. ​

Es indispensable ​mantener una comunicación constante​​ con la nueva pareja​ y que esta sea muy consciente de la complejidad de encontrar un engranaje donde todo el mundo se sienta partícipe​.​​ Por eso, tiene que tener un papel muy activo de bisagra entre sus hijos y la nueva pareja​, de forma que, día a día,​ ​el desconocimiento inicial se vaya transformando en pequeños gestos de complicidad hasta llegar a una relación consolidada de confianza y respeto mutuo, y por qué no, también de profundo afecto.  

Pero a pesar de todos los consejos y recomendaciones que se puedan dar, nadie puede asegurar que en algunos momentos nos sentimos como un pulpo en un garaje, desubicadas, tristes o angustiadas porque no está yendo como desearíamos. Es por eso que se hace ineludible dedicar tiempo a cuidar la relación de pareja y también a cuidarse una misma, conectarnos con las propias emociones  para normalizarlas, validarlas, aceptarlas y volver a un buen punto de partida y con fuerzas renovadas para seguir con este proyecto familiar nacido del amor y dónde hemos puesto tantas ilusiones. 

Y nadie dijo que fuera fácil, pero tampoco imposible.

Un artículo:

Irene de Luis Suárez de Deza (técnica programa Komtü)


El sueño de ser madrastra

Nadie sueña al ser madrastra, o padrastro. De hecho es una palabra que “suena fea” y que inevitablemente nos lleva a las películas de D​​isney​, donde todas las madrastras son malvadas y se lo pasan pipa destrozando vidas. ​​​ 

Ser madrastra o padrastro es algo que te encuentras, sin buscarlo, sin haberlo planificado​.​ ​Y ​de repente, pam, la vida te da un giro de 180 grados y quizás te encuentras, como fue mi caso, de ser una mujer soltera sin hijos a formar parte de una familia numerosa.

Y entonces qué? Cómo se tiene que gestionar? Porque no hay manuales de instrucciones, ni recetas mágicas​.​​ ​​N​omitido buena voluntad, dotes de negociación, ensayo-error y mucha, pero que mucha​,​ paciencia. Y en este nuevo contexto te amoldas, o esto intentas, y lo haces por amor, por implicación y para querer encajar. 

Además, una familia reconstituida nace de una pérdida. Porque sí, tenemos que ser muy conscientes que aquella nueva familia ​donde​​ ​entremos ha sufrido una pérdida, una ruptura en forma de divorcio de los padres en el mejor de los casos, o una orfandad en el peor. Y estos hijos e hijas tienen todo el derecho a llevar su luto como buenamente puedan, así que la mejor recomendación que se puede hacer en este caso es entrar a pie descalzo, sin hacer mucho ruido, sin imponer nada y siendo sumamente respetuoso con el proceso de cada uno de los miembros de la familia.

El rol de la madrastra es muy complejo, es un juego constante de equilibrios entre las funciones de una madre (como la protección, la nutrición física y emocional y tantas otras) y la distancia adecuada para que los hijos e hijas de la pareja no confundan ni sientan amenazada la figura de su madre biológica. Una  figura,  que sí o sí, las madrastras tenemos que respetar, a la vez que tenemos que poder poner límites si vemos que estos se sobrepasan y nos afectan. 

​​Ser madrastra o padrastro también quiere decir que a partir de ahora nos encontramos inmersos en un nuevo hogar desconocido, del que poco sabemos y que lleva su propia mochila histórica (vivencias, creencias, mitos familiares, rutinas muy establecidas​​…), y a la que tendremos que añadir nuestra propia mochila​.​​​ Y ​de estas dos hacer una nueva y que sea cómoda para ambas partes. ​

Es indispensable ​mantener una comunicación constante​​ con la nueva pareja​ y que esta sea muy consciente de la complejidad de encontrar un engranaje donde todo el mundo se sienta partícipe​.​​ Por eso, tiene que tener un papel muy activo de bisagra entre sus hijos y la nueva pareja​, de forma que, día a día,​ ​el desconocimiento inicial se vaya transformando en pequeños gestos de complicidad hasta llegar a una relación consolidada de confianza y respeto mutuo, y por qué no, también de profundo afecto.  

Pero a pesar de todos los consejos y recomendaciones que se puedan dar, nadie puede asegurar que en algunos momentos nos sentimos como un pulpo en un garaje, desubicadas, tristes o angustiadas porque no está yendo como desearíamos. Es por eso que se hace ineludible dedicar tiempo a cuidar la relación de pareja y también a cuidarse una misma, conectarnos con las propias emociones  para normalizarlas, validarlas, aceptarlas y volver a un buen punto de partida y con fuerzas renovadas para seguir con este proyecto familiar nacido del amor y dónde hemos puesto tantas ilusiones. 

Y nadie dijo que fuera fácil, pero tampoco imposible.

Un artículo:

Irene de Luis Suárez de Deza (técnica programa Komtü)


Culpa y vergüenza: emociones silenciadas que piden ser escuchadas

Anteriormente, habíamos propuesto algunas ideas en que trabajábamos la conciencia y la expresión emocionales. A continuación, os compartimos nuevas ideas para seguir compartiendo las emociones en familia.

1. «CREA TU EMOTICONO»

Podéis haceros fotos con diferentes expresiones faciales, imprimirlas, recortarlas y pegarlas con blue tac en la ruleta.

2. PICTOGRAMAS

Podéis crear pictogramas que representen acciones sencillas que ayuden a vuestros hijos e hijas a gestionar sus emociones.

  • Subir y bajar escaleras
  • Respirar
  • Hablar
  • Dibujar
  • Pasear
  • Estrechar un cojín
  • Hacer bolitas de papel
  • Leer un cuento
  • Abrazar
  • Llorar
  • Dejar algún espacio para que dibujen alguna otra acción

3. ESCUCHAR PIEZAS DE MÚSICA QUE CONECTEN CON CADA EMOCIÓN

Cada miembro de la familia propone una canción en función de la emoción que le haya tocado al girar la ruleta y la escucháis juntos.

Por ejemplo: “I’m walking on sunshine” si me ha tocado la alegría.

4. ESCUCHAR UNA CANCIÓN Y BAILARLA SEGÚN LA EMOCIÓN QUE OS HAYA SALIDO EN LA RULETA

  • ¿Cómo bailaría esta canción si estuviese triste?
  • ¿Cómo bailaría esta canción si estuviese alegre?
  • ¿Cómo bailaría esta canción cuando siento amor?
  • ¿Cómo bailaría esta canción cuando siento asco?
  • ¿Cómo bailaría esta canción cuando siento calma?
  • ¿Cómo bailaría esta canción cuando siento miedo?
  • ¿Cómo bailaría esta canción cuando siento sorpresa?
  • ¿Cómo bailaría esta canción cuando siento nervios?
  • ¿Cómo bailaría esta canción cuando siento rabia?
  • ¿Cómo bailaría esta canción cuando siento vergüenza?

5. JUGAR CON LOS SENTIDOS

Por turnos completad las frases:

Si esta emoción fuese un olor, sería…

Si esta emoción fuese un sabor, sería…

A continuación, haced rodar la ruleta y a jugar!

  • ¿tristeza?
  • ¿alegría?
  • ¿amor?
  • ¿asco?
  • ¿calma?
  • ¿miedo?
  • ¿sorpresa?
  • ¿nervios?
  • ¿rabia?
  • ¿vergüenza?

Haz clic para descargar el documento de “Propuestas para seguir jugando con la ruleta y conocer nuestras emociones en familia»


Propuestas para seguir jugando con la ruleta y conocer nuestras emociones en familia

Anteriormente, habíamos propuesto algunas ideas en que trabajábamos la conciencia y la expresión emocionales. A continuación, os compartimos nuevas ideas para seguir compartiendo las emociones en familia.

1. «CREA TU EMOTICONO»

Podéis haceros fotos con diferentes expresiones faciales, imprimirlas, recortarlas y pegarlas con blue tac en la ruleta.

2. PICTOGRAMAS

Podéis crear pictogramas que representen acciones sencillas que ayuden a vuestros hijos e hijas a gestionar sus emociones.

  • Subir y bajar escaleras
  • Respirar
  • Hablar
  • Dibujar
  • Pasear
  • Estrechar un cojín
  • Hacer bolitas de papel
  • Leer un cuento
  • Abrazar
  • Llorar
  • Dejar algún espacio para que dibujen alguna otra acción

3. ESCUCHAR PIEZAS DE MÚSICA QUE CONECTEN CON CADA EMOCIÓN

Cada miembro de la familia propone una canción en función de la emoción que le haya tocado al girar la ruleta y la escucháis juntos.

Por ejemplo: “I’m walking on sunshine” si me ha tocado la alegría.

4. ESCUCHAR UNA CANCIÓN Y BAILARLA SEGÚN LA EMOCIÓN QUE OS HAYA SALIDO EN LA RULETA

  • ¿Cómo bailaría esta canción si estuviese triste?
  • ¿Cómo bailaría esta canción si estuviese alegre?
  • ¿Cómo bailaría esta canción cuando siento amor?
  • ¿Cómo bailaría esta canción cuando siento asco?
  • ¿Cómo bailaría esta canción cuando siento calma?
  • ¿Cómo bailaría esta canción cuando siento miedo?
  • ¿Cómo bailaría esta canción cuando siento sorpresa?
  • ¿Cómo bailaría esta canción cuando siento nervios?
  • ¿Cómo bailaría esta canción cuando siento rabia?
  • ¿Cómo bailaría esta canción cuando siento vergüenza?

5. JUGAR CON LOS SENTIDOS

Por turnos completad las frases:

Si esta emoción fuese un olor, sería…

Si esta emoción fuese un sabor, sería…

A continuación, haced rodar la ruleta y a jugar!

  • ¿tristeza?
  • ¿alegría?
  • ¿amor?
  • ¿asco?
  • ¿calma?
  • ¿miedo?
  • ¿sorpresa?
  • ¿nervios?
  • ¿rabia?
  • ¿vergüenza?

Haz clic para descargar el documento de “Propuestas para seguir jugando con la ruleta y conocer nuestras emociones en familia»


Cómo relajarnos y cuidarnos con el cuerpo como recurso

Nuestro día a día es intenso: pasamos de una situación a otra casi de forma inmediata, a menudo sin podernos dar un respiro para descansar de verdad. Y si a esta dinámica sociocultural añadimos otro ingrediente como es el acompañamiento a los niños, todavía aumenta más la energía invertida. 

Es cierto también, que a menudo entendemos el descanso o la relajación como actividades asociadas a “hacer”: viajar, ver una serie, tomar algo, andar por la montaña o estirarnos en la playa. Y todas estas opciones están muy bien si nuestro objetivo es encontrar un espacio por nosotros. Pero, ¿que pasaría si, en vez de buscar la distracción, pusiéramos el foco al descansar desde dentro, utilizando el cuerpo como recurso para conectar con un estado de calma y presencia? 

La respiración, el yoga o la meditación, entre otros, son técnicas que probablemente ya conocéis. Pero, en este artículo no nos queremos centrar en el qué sino en el cómo. Más allá de lo que hacemos, la clave es desde donde lo hacemos. Desde esta mirada, cualquier momento puede convertirse en un espacio de cura, también mientras estamos con los niños que acompañamos.

El cuerpo como puerta de entrada al descanso

Para adentrarnos en la relajación, es útil tomar conciencia de cómo está nuestro cuerpo y reajustarlo para facilitar un estado de calma y descanso. Aquí entra en juego el homúnculo de Penfield, una representación del cuerpo según la incidencia en el cerebro. En este mapa humano, la cabeza, los labios, la lengua y sobre todo las manos tienen un protagonismo muy grande, destacan por encima de otras partes del cuerpo. Estas zonas, en especial la lengua y las manos, son claves para influir directamente en nuestro sistema nervioso y facilitarnos paz y serenidad.

Vamos a la práctica

Te proponemos hacer una pequeña experiencia ahora mismo:

  1. Pon atención a tu lengua. Déjala reposar suavemente sobre el labio inferior, como si encontrara una almohada donde reposar. A cada expiración, siente como descarga tensiones y ocupa más espacio dentro de la boca. ¿Qué te parece la sensación?
  2. Manteniendo la lengua en este estado, ahora fíjate en tus manos. Lleva la atención a cada dedo de la mano, uno por uno, y en el centro de esta. Con cada expiración, imagina que la mano se va expandiendo y soltando las tensiones. ¿Cómo te sientes con estas dos modificaciones de tu cuerpo?

Si te has fijado, los niños a menudo sacan un poco la lengua cuando juegan, se concentran o están relajados. Es una muestra natural de estar conectados con ellos mismos, atentos pero sin tensión.

Para acabar

Después de esta práctica, os invitamos a incorporar este recurso en diferentes momentos de vuestro día a día y en el acompañamiento a los niños. Observa qué cambios se producen en ti y como esto influye en la relación con los otros. 

Recuerda: lo importante no es solo que hacemos, sino como lo hacemos.

homuncle de Penfield

 

Un artículo de:

Javier Castillo (técnico programa Komtü)


Las artes: el motor de la plasticidad cerebral y el bienestar emocional

Una característica que nos hace genuinamente humanos, que nos distingue en el reino animal, es nuestra capacidad para crear arte. Desde las primeras vocalizaciones que evolucionaron hacia un lenguaje metafórico y flexible hasta la primera flauta cortada en un hueso hace miles de años, las artes han sido una expresión fundamental de nuestra especie. Esta capacidad no es un simple adornamiento cultural; es una herramienta poderosa que modela nuestro cerebro, impulsa el aprendizaje y nutre nuestro bienestar emocional.  

Desde la perspectiva de la neurociencia, integrar las artes en la educación es imprescindible. Las experiencias artísticas vivenciales alimentan la plasticidad cerebral, es decir, favorecen la capacidad del cerebro para cambiar y adaptarse. Cuando los niños y niñas se sumergen en la música, el teatro, la pintura o la danza, no solo se divierten, están construyendo activamente las autopistas neuronales que sustentarán la capacidad de aprender, crear y conectar con otras personas a lo largo de toda la vida.

¿Qué suponen las artes desde la perspectiva de la neurociencia?

Más allá de una técnica o producto final, las artes son, en esencia, un ejercicio de flexibilidad, creatividad y simbolismo. Cuando un niño interpreta un personaje en una obra de teatro, filtra este rol a través de su propia manera de ser y de sentir, un acto profundamente creativo y personal. Un simple trazo puede representar una idea compleja y una melodía puede evocar una emoción profunda.   

Esta capacidad por aquello que es simbólico y abstracto es lo que permitió la evolución del lenguaje. Esta evolución no habría sido posible sin un cambio en nuestra laringe y, fundamentalmente, sin un cerebro preparado para la flexibilidad. Por lo tanto, las artes son una manifestación directa de las mismas cualidades que nos permitieron desarrollar la comunicación compleja y, gracias a esta, la cultura.

El impacto de las artes en un cerebro en proceso de aprendizaje

Un sistema educativo que pretenda acompañar el desarrollo integral de los niños tiene que centrarse a alimentar la plasticidad del cerebro. ¿Y como se consigue? A través de experiencias vivenciales, significativas y, si puede ser, multisensoriales. Aquí es donde las artes juegan un papel insustituible.

1. Fomentando la creatividad y el pensamiento flexible

Para ser creativos, necesitamos conocimientos y experiencias previas para poder combinar de maneras nuevas e inesperadas. Las artes son un laboratorio perfecto para este proceso. Ofrecen una infinidad de lenguajes y herramientas para que los niños exploren, combinen y transformen ideas. Cuanto más integramos las artes en todas las áreas del currículum, desde las matemáticas hasta las ciencias sociales, más estaremos favoreciendo un cerebro plástico y capaz de encontrar soluciones originales en los problemas.   

El juego infantil, de hecho, es teatro en estado puro. Es una representación simbólica y creativa de la realidad que les permite procesar el mundo. En cambio, el uso excesivo de pantallas limita esta experiencia a dos sentidos (vista y oído), hay una interacción a menudo pasiva, restando oportunidades para un desarrollo sensorial completo y una exploración creativa activa.

2. El papel clave del estado emocional al aprendizaje

La neurociencia nos muestra que no aprendemos en un vacío emocional. El estado en el que nos encontramos condiciona completamente nuestra capacidad para asimilar nueva información. No se trata de buscar sensaciones positivas (alegría, amor…) y evitar las negativas (miedo, ansiedad, ira…), sino de comprender qué sensaciones nos abren al aprendizaje y cuáles nos cierran. Una sensación de incomodidad o de miedo, por ejemplo, puede hacer que un niño no quiera volver a participar en una actividad teatral, bloqueando una vía de expresión valiosa.   

Hay dos estados emocionales proactivos que son especialmente potentes para el aprendizaje y que las artes ayudan a promover:

  • La curiosidad: Entendida como una manifestación de la sorpresa, la curiosidad es el verdadero motor del aprendizaje. Activa la motivación, y la motivación pone en marcha nuestro cerebro: aumenta el flujo de sangre, glucosa y oxígeno, haciéndonos más eficientes. Neurológicamente, se activa el cuerpo estriado, una zona del cerebro vinculada a la sensación de recompensa. Cuando algo nos genera curiosidad, aprender se convierte en una experiencia placentera. 
  • La confianza: Si como adultos confiamos en las capacidades de nuestro alumnado, confiarán en nosotros y, lo que es más importante, en sí mismos. La confianza es contagiosa. La autoconfianza es fundamental para atreverse a explorar, equivocarse y tomar decisiones. Las artes, al permitir que cada niño se exprese desde la singularidad y al valorar el proceso por encima del resultado, son una herramienta extraordinaria para construir una autoconfianza sólida.

3. Conectando cuerpo y mente para un aprendizaje integral

Nacemos con todos nuestros sentidos preparados para explorar el mundo, mucho más allá de los cinco que tradicionalmente denominamos. Somos una unidad de cerebro y cuerpo, y el aprendizaje es más profundo y duradero cuando se involucra la multisensorialidad.  

La danza requiere conciencia corporal; la música, una escucha atenta; el modelado, el sentido del tacto; el teatro, la expresión gestual y vocal. Si integramos el cuerpo y los sentidos en el proceso de aprendizaje, no solo lo hacemos más atractivo, sino que consolidamos las conexiones neuronales de manera mucho más robusta.

Como integrar las artes en el día a día

Reconocer los beneficios de las artes es el primer paso. El siguiente es crear espacios y tiempos para que puedan florecer tanto en la escuela como en casa.

  • Integrar, no solo añadir: En lugar de tratar las artes como una asignatura aislada, podemos buscar maneras de integrarlas en otros aprendizajes. Podemos representar crear una canción para recordar una fórmula matemática o modelar con arcilla el ciclo del agua. 
  • Valorar el proceso: El objetivo no es crear artistas profesionales, sino acompañar personas creativas y seguras. Es fundamental poner el foco en la exploración, el esfuerzo y la expresión personal. 
  • Proveer materiales diversos y poco estructurados: Materiales como teles, cajas de cartón, elementos naturales, pinturas o arcilla invitan a la creación libre y al desarrollo de la imaginación, a diferencia de los juguetes con un único propósito.  
  • Ser modelos de confianza: Nuestra actitud como adultos es clave. Si mostramos confianza en sus procesos creativos, sin juzgar ni corregir constantemente, damos el permiso que necesitan para explorar y expresarse libremente.

En definitiva, apostar por las artes en la educación es apostar por el desarrollo de personas más flexibles, creativas, empáticas y seguras de sí mismas.

Un artículo de:

Ana Caruezo (comunicadora científica y social)


La importancia de las asambleas de grupo en los centros: un espacio clave para el desarrollo integral del alumnado

Las asambleas de grupo se han convertido en una práctica pedagógica esencial en muchas escuelas de educación infantil y primaria. Este espacio, que a menudo en muchas escuelas se realiza a primera hora de la mañana y, de manera complementaria, a última hora de la jornada, ofrece mucho más que un rato para hablar. Es un momento clave para la relación, la cohesión del grupo, la expresión emocional, el desarrollo del lenguaje y la adquisición de valores democráticos y sociales.  

Se trata de una buena práctica que merece la pena difundir y que, a lo largo de este artículo, queremos ejemplificar con algunas propuestas concretas que pueden animar a implementarla en las escuelas.

Un buen inicio de jornada: la asamblea de la mañana

Empezar el día con una asamblea de grupo permite a los niños prepararse emocionalmente y mentalmente para la jornada escolar. Es un espacio de encuentro relajado, donde cada niño tiene voz y puede sentirse escuchado y reconocido. 

Habitualmente, la asamblea de la mañana incluye el saludo, la revisión del calendario, la previsión de las actividades del día y, a menudo, una conversación abierta sobre temas de interés personal o colectivo.

Ejemplo práctico

En la clase de I4, cada mañana los niños se reúnen en círculo y pasan una pelota suave para saludarse (el llamado objeto de palabra). Cuando tienen la pelota, pueden decir “Buenos días” y expresar como se sienten: “Estoy contento porque hoy viene mi abuelo a recogerme”, “Estoy un poco triste porque me he hecho daño en el dedo”. Este pequeño ritual permite al maestro detectar los estados de ánimo y adaptar la jornada si hace falta. 

Esta práctica crea rutina y seguridad, elementos fundamentales en las primeras etapas educativas. Además, fomenta habilidades socioemocionales como la autorregulación, la empatía, la conciencia emocional y la escucha activa. Los niños aprenden a respetar el turno de palabra, a expresarse con claridad y a tener en cuenta las opiniones de los otros, aunque sean diferentes de las propias.

La asamblea como herramienta para el desarrollo emocional

Una de las funciones más relevantes de las asambleas de grupo es el trabajo en competencias socioemocionales. A través de la palabra, el diálogo y la escucha, los niños pueden expresar como se sienten, compartir inquietudes o alegrías, y reconocer las emociones propias y ajenas. Esto refuerza la conciencia emocional y favorece un entorno empático y respetuoso.

Ejemplo práctico

En el grupo de 3.º de primaria, un niño comenta en la asamblea: “Ayer me enfadé mucho porque no me dejaron jugar en el patio”. Esta expresión abre un pequeño espacio de debate donde otros niños explican situaciones similares y se propone, entre todos, buscar una solución para que nadie se quede fuera del juego.  

El maestro recoge las aportaciones y, conjuntamente, se pactan nuevos acuerdos de convivencia. Cada niño expresa a que se compromete porque todo el mundo que quiera pueda participar en los juegos. Al cabo de unas semanas, en la asamblea se revisarán estos acuerdos para valorar si están funcionando o si hay que hacer ajustes. 

Estos espacios permiten detectar posibles conflictos de manera preventiva y darles respuesta antes de que se agravien. Cuando un niño puede verbalizar una preocupación ante el grupo, se siente escuchado y validado, y a menudo recibe una respuesta colectiva de apoyo y comprensión.

La cohesión de grupo y la participación democrática 

La asamblea promueve la participación activa de los niños en la vida del grupo, yendo más allá de la individualidad. A través de la toma de decisiones colectivas, como la organización de un juego, la resolución de un conflicto o la planificación de una salida, los niños experimentan qué significa ser parte de una comunidad. Aprenden a negociar, a ceder, a argumentar y a llegar a acuerdos. En definitiva, aprenden y practican vivir en comunidad, unos aprendizajes imprescindibles para la vida adulta.

Ejemplo práctico

En 5.º de primaria, el grupo quiere decorar la clase por la fiesta de Sant Jordi y los juegos florales de la escuela. Durante la asamblea, cada niño propone una idea: hacer rosas con papel, escribir cuentos y diseñar cómics inventados, crear puntos de libro para regalar al grupo de pequeños que apadrinan… Se apuntan las propuestas a la pizarra y se hace una votación. Finalmente, se decide hacer un mural colectivo y un recital de poemas. Todo el mundo se siente implicado porque la decisión ha sido compartida. 

Este proceso es fundamental para desarrollar competencias sociales y democráticas. El niño deja de ser un receptor pasivo de instrucciones y se convierte en protagonista de su aprendizaje y del funcionamiento del grupo. En definitiva, poco a poco toma parte activa de aquello que le afecta.

El cierre del día: reflexión y valoración

Del mismo modo es importando la asamblea de cierre, que a menudo se realiza a última hora del día. Este momento invita a mirar atrás y valorar cómo ha ido la jornada. ¿Qué ha gustado más? ¿Qué ha resultado más difícil? ¿Hay algo que queremos cambiar o mejorar mañana?

Ejemplo práctico

En I5, antes de marchar hacia casa, el grupo se vuelve a reunir y cada niño puede decir una cosa que le ha gustado del día. Una niña dice: “¡Me he reído mucho en el rincón de disfraces!”, mientras que otro añade: “No me ha gustado cuando Marco me ha dado un empujón”. Estas aportaciones permiten al docente detectar momentos relevantes y también posibles tensiones a trabajar al día siguiente. 

Este tipo de reflexión ayuda a los niños a desarrollar una mirada crítica y constructiva sobre sus propias acciones y experiencias. También refuerza la memoria, el pensamiento abstracto y la capacidad de poner palabras a vivencias personales. 

Además, la asamblea de la tarde permite cerrar emocionalmente el día, recoger sentimientos y prepararse para la transición hacia el hogar. Es un momento de calma y de escucha mutua que a menudo deja una imprenta positiva en el estado de ánimo de los niños.

Una práctica que requiere intención y planificación

Para que las asambleas sean realmente significativas, hace falta que estén muy planificadas y que se desarrollen en un ambiente de respeto y escucha activa. El adulto que las acompaña tiene un papel fundamental como modelo de comunicación asertiva, de gestión emocional y de facilitador de la participación. Igualmente importante es creer firmemente en esta propuesta como un espacio educativo más, evitando caer en la realización de las asambleas y espacios de grupo como un trámite.

Ejemplo práctico

En las asambleas, el o la maestra utiliza un “objeto de palabra” que se pasa de mano en mano. Solo habla quién tiene el objeto, y esto ayuda a regular los turnos y asegurar que todo el mundo tenga su espacio.  

Si un niño no quiere hablar, no se obliga: se respeta su tiempo y ritmo. Es posible que a medida que se gane confianza y seguridad, todo el alumnado participe de las asambleas si así lo desea. El maestro habla en primer o último lugar, evita interrumpir cuando otra persona habla y en definitiva, hace de modelado al resto de alumnado.  

No se trata solo de “hablar un rato”, sino de construir, día a día, un espacio de confianza donde cada voz cuenta y cada niño se siente parte del grupo, en un plan de igualdad y respeto. 

Las asambleas de grupo, tanto al inicio como al final de la jornada, son mucho más que una herramienta organizativa: son un pilar educativo que contribuye al desarrollo emocional, social y comunicativo de los niños. Fomentan la convivencia, la responsabilidad colectiva y el pensamiento crítico desde las primeras etapas escolares. Por eso, hay que seguir reivindicándolas como un tiempo educativo de calidad, necesario y transformador.

Un artículo de:

Joan Ronzano (psicólogo y técnico del programa Komtü)


El juego libre: la clave para el bienestar y el crecimiento infantil

En el día a día, tanto en casa como en la escuela, buscamos constantemente maneras de acompañar a los niños en su crecimiento. A menudo, nos centramos en actividades estructuradas y objetivos de aprendizaje concretos. Pero, ¿y si una de las herramientas más poderosas para su desarrollo ya estuviera a su alcance? 

Nos referimos al juego libre, una actividad espontánea, dirigida por los mismos niños y niñas, sin reglas externas ni objetivos predeterminados. Un motor fundamental para su bienestar emocional, creativo y social. En este artículo hablamos de los múltiples beneficios y sobre cómo podemos, como adultos, crear las condiciones necesarias porque se produzca.

¿Qué es el juego libre?

A diferencia de los juegos de mesa, los deportes organizados o las actividades guiadas, el juego libre se caracteriza para ser iniciado y dirigido por los niños. Son ellos quien deciden a qué jugar, como jugar y cuando cambiar de juego. No tiene unos objetivos externos, el propósito del juego es el juego en sí mismo, no ganar un premio o lograr un hito marcado por un adulto.  

Y es imaginativo y flexible. Las reglas, si hay, son creadas y modificadas por los niños. Hay que dejarles espacio para que exploren con cajas de cartón, disfraces improvisados, elementos naturales como piedras y hojas, o que creen historias en su habitación sin más intervención que su propia imaginación.

Más allá de la diversión: los beneficios del juego libre

El juego libre no es solo una manera de mantener los niños entretenidos. Es una actividad esencial que impacta directamente en muchas áreas de su desarrollo.

Fomenta la autonomía y la toma de decisiones

Cuando un niño juega libremente, toma constantemente pequeñas y grandes decisiones: «¿Qué haré ahora? ¿Cómo puedo construir esta torre para que no caiga?». Este proceso de toma de decisiones, sin la presión de tener que hacerlo «bien» según un criterio adulto, fortalece su autoconfianza y su sentido de la autonomía. 

De este modo, aprenden a confiar en su propio criterio, a gestionar sus recursos y a responsabilizarse del resultado de sus acciones.

Potencia la creatividad y la resolución de problemas

La creatividad no es solo una habilidad artística, es la capacidad de encontrar soluciones nuevas a problemas inesperados. Cuando no hay instrucciones, los niños tienen que inventar, experimentar y adaptarse. 

Pensar en un grupo de niños que quieren construir una cabaña en el patio. ¿Tienen que negociar, planificar, probar diferentes materiales y resolver problemas como por ejemplo «¿como hacemos que el techo se aguante?».

Gestión emocional y desarrollo social

El juego es el lenguaje natural de los niños y su principal medio para procesar el mundo. A través del juego simbólico (jugar a ser médicos, docentes, padres y madres…), recrean situaciones vividas, exploran diferentes roles y expresan emociones que quizás no saben cómo verbalizar. Además, cuando juegan con otros, aprenden a compartir, a esperar su turno, a negociar reglas y a gestionar la frustración cuando las cosas no salen como esperaban. Es un muy buen entrenamiento de las habilidades sociales.

Relajación, conexión interior y descubrimiento de intereses propios

El juego libre en solitario ofrece a los niños un espacio para relajarse, calmarse y conectar con sus propios pensamientos y sentimientos. Cuando juegan solos, pueden descubrir aquello que realmente les gusta, sin la necesidad de adaptarse a las dinámicas o intereses de los otros. Esta práctica fomenta la autorregulación emocional, la introspección y la exploración de los propios intereses, contribuyendo a un bienestar emocional profundo.

Desarrollo físico y motor

El juego libre a menudo implica movimiento: correr, saltar, construir… Estas actividades son fundamentales para el desarrollo de la motricidad gruesa y fina. Permitir que exploren sus límites físicos en un entorno seguro los ayuda a desarrollar una mayor conciencia corporal y a aprender a evaluar riesgos.

Como adultos, ¿cómo podemos facilitar el juego libre?

Nuestro papel no es dirigir el juego, sino crear las condiciones adecuadas para que pueda surgir:

  • Crear espacios seguros y estimulantes. No hacen falta juguetes caros. Materiales como cajas de cartón, almohadas, arcilla o elementos de la naturaleza son ideales porque fomentan la imaginación.
  • Ofrecer tiempo no estructurado. En un mundo lleno de agendas y extraescolares, es crucial garantizar que los niños tengan ratos para aburrirse, porque es precisamente del aburrimiento de donde surgen las ideas más creativas.
  • Confiar en sus capacidades. Como adultos, tenemos la tendencia a intervenir para «ayudar» o «corregir». Es importante dar un paso atrás y observar. 
  • Valorar el proceso, no el resultado. Lo importante no es la torre perfecta o el dibujo bonito, sino todo el proceso de exploración, goce y aprendizaje que hay detrás.

En definitiva, dar espacio al juego libre es un acto de confianza en la capacidad innata de los niños para aprender y crecer. Es reconocer que son los protagonistas de su propio desarrollo. Como educadores y familias, nuestra tarea más valiosa es simplemente preparar el escenario, garantizar la seguridad y, después, disfrutar del espectáculo mientras crean y se descubren a sí mismos.

Más información:

  • Torres-Ortiz, K., Escobar-Areche, C., & García-Medrano, G. (2025). El juego libre en la educación inicial: una revisión narrativa. Maestro y Sociedad, 22(2), 981-992. 
  • Huaman Bobadilla, M. D. P., & Sucsa Trujillo, M. A. (2024). El juego libre favorece el desarrollo socioemocional en el nivel inicial ciclo II. 

Un artículo de:

Ana Caruezo (comunicadora científica y social)


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