Culpa y vergüenza: emociones silenciadas que piden ser escuchadas

Anteriormente, habíamos propuesto algunas ideas en que trabajábamos la conciencia y la expresión emocionales. A continuación, os compartimos nuevas ideas para seguir compartiendo las emociones en familia.

1. «CREA TU EMOTICONO»

Podéis haceros fotos con diferentes expresiones faciales, imprimirlas, recortarlas y pegarlas con blue tac en la ruleta.

2. PICTOGRAMAS

Podéis crear pictogramas que representen acciones sencillas que ayuden a vuestros hijos e hijas a gestionar sus emociones.

  • Subir y bajar escaleras
  • Respirar
  • Hablar
  • Dibujar
  • Pasear
  • Estrechar un cojín
  • Hacer bolitas de papel
  • Leer un cuento
  • Abrazar
  • Llorar
  • Dejar algún espacio para que dibujen alguna otra acción

3. ESCUCHAR PIEZAS DE MÚSICA QUE CONECTEN CON CADA EMOCIÓN

Cada miembro de la familia propone una canción en función de la emoción que le haya tocado al girar la ruleta y la escucháis juntos.

Por ejemplo: “I’m walking on sunshine” si me ha tocado la alegría.

4. ESCUCHAR UNA CANCIÓN Y BAILARLA SEGÚN LA EMOCIÓN QUE OS HAYA SALIDO EN LA RULETA

  • ¿Cómo bailaría esta canción si estuviese triste?
  • ¿Cómo bailaría esta canción si estuviese alegre?
  • ¿Cómo bailaría esta canción cuando siento amor?
  • ¿Cómo bailaría esta canción cuando siento asco?
  • ¿Cómo bailaría esta canción cuando siento calma?
  • ¿Cómo bailaría esta canción cuando siento miedo?
  • ¿Cómo bailaría esta canción cuando siento sorpresa?
  • ¿Cómo bailaría esta canción cuando siento nervios?
  • ¿Cómo bailaría esta canción cuando siento rabia?
  • ¿Cómo bailaría esta canción cuando siento vergüenza?

5. JUGAR CON LOS SENTIDOS

Por turnos completad las frases:

Si esta emoción fuese un olor, sería…

Si esta emoción fuese un sabor, sería…

A continuación, haced rodar la ruleta y a jugar!

  • ¿tristeza?
  • ¿alegría?
  • ¿amor?
  • ¿asco?
  • ¿calma?
  • ¿miedo?
  • ¿sorpresa?
  • ¿nervios?
  • ¿rabia?
  • ¿vergüenza?

Haz clic para descargar el documento de “Propuestas para seguir jugando con la ruleta y conocer nuestras emociones en familia»


Propuestas para seguir jugando con la ruleta y conocer nuestras emociones en familia

Anteriormente, habíamos propuesto algunas ideas en que trabajábamos la conciencia y la expresión emocionales. A continuación, os compartimos nuevas ideas para seguir compartiendo las emociones en familia.

1. «CREA TU EMOTICONO»

Podéis haceros fotos con diferentes expresiones faciales, imprimirlas, recortarlas y pegarlas con blue tac en la ruleta.

2. PICTOGRAMAS

Podéis crear pictogramas que representen acciones sencillas que ayuden a vuestros hijos e hijas a gestionar sus emociones.

  • Subir y bajar escaleras
  • Respirar
  • Hablar
  • Dibujar
  • Pasear
  • Estrechar un cojín
  • Hacer bolitas de papel
  • Leer un cuento
  • Abrazar
  • Llorar
  • Dejar algún espacio para que dibujen alguna otra acción

3. ESCUCHAR PIEZAS DE MÚSICA QUE CONECTEN CON CADA EMOCIÓN

Cada miembro de la familia propone una canción en función de la emoción que le haya tocado al girar la ruleta y la escucháis juntos.

Por ejemplo: “I’m walking on sunshine” si me ha tocado la alegría.

4. ESCUCHAR UNA CANCIÓN Y BAILARLA SEGÚN LA EMOCIÓN QUE OS HAYA SALIDO EN LA RULETA

  • ¿Cómo bailaría esta canción si estuviese triste?
  • ¿Cómo bailaría esta canción si estuviese alegre?
  • ¿Cómo bailaría esta canción cuando siento amor?
  • ¿Cómo bailaría esta canción cuando siento asco?
  • ¿Cómo bailaría esta canción cuando siento calma?
  • ¿Cómo bailaría esta canción cuando siento miedo?
  • ¿Cómo bailaría esta canción cuando siento sorpresa?
  • ¿Cómo bailaría esta canción cuando siento nervios?
  • ¿Cómo bailaría esta canción cuando siento rabia?
  • ¿Cómo bailaría esta canción cuando siento vergüenza?

5. JUGAR CON LOS SENTIDOS

Por turnos completad las frases:

Si esta emoción fuese un olor, sería…

Si esta emoción fuese un sabor, sería…

A continuación, haced rodar la ruleta y a jugar!

  • ¿tristeza?
  • ¿alegría?
  • ¿amor?
  • ¿asco?
  • ¿calma?
  • ¿miedo?
  • ¿sorpresa?
  • ¿nervios?
  • ¿rabia?
  • ¿vergüenza?

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Cómo relajarnos y cuidarnos con el cuerpo como recurso

Nuestro día a día es intenso: pasamos de una situación a otra casi de forma inmediata, a menudo sin podernos dar un respiro para descansar de verdad. Y si a esta dinámica sociocultural añadimos otro ingrediente como es el acompañamiento a los niños, todavía aumenta más la energía invertida. 

Es cierto también, que a menudo entendemos el descanso o la relajación como actividades asociadas a “hacer”: viajar, ver una serie, tomar algo, andar por la montaña o estirarnos en la playa. Y todas estas opciones están muy bien si nuestro objetivo es encontrar un espacio por nosotros. Pero, ¿que pasaría si, en vez de buscar la distracción, pusiéramos el foco al descansar desde dentro, utilizando el cuerpo como recurso para conectar con un estado de calma y presencia? 

La respiración, el yoga o la meditación, entre otros, son técnicas que probablemente ya conocéis. Pero, en este artículo no nos queremos centrar en el qué sino en el cómo. Más allá de lo que hacemos, la clave es desde donde lo hacemos. Desde esta mirada, cualquier momento puede convertirse en un espacio de cura, también mientras estamos con los niños que acompañamos.

El cuerpo como puerta de entrada al descanso

Para adentrarnos en la relajación, es útil tomar conciencia de cómo está nuestro cuerpo y reajustarlo para facilitar un estado de calma y descanso. Aquí entra en juego el homúnculo de Penfield, una representación del cuerpo según la incidencia en el cerebro. En este mapa humano, la cabeza, los labios, la lengua y sobre todo las manos tienen un protagonismo muy grande, destacan por encima de otras partes del cuerpo. Estas zonas, en especial la lengua y las manos, son claves para influir directamente en nuestro sistema nervioso y facilitarnos paz y serenidad.

Vamos a la práctica

Te proponemos hacer una pequeña experiencia ahora mismo:

  1. Pon atención a tu lengua. Déjala reposar suavemente sobre el labio inferior, como si encontrara una almohada donde reposar. A cada expiración, siente como descarga tensiones y ocupa más espacio dentro de la boca. ¿Qué te parece la sensación?
  2. Manteniendo la lengua en este estado, ahora fíjate en tus manos. Lleva la atención a cada dedo de la mano, uno por uno, y en el centro de esta. Con cada expiración, imagina que la mano se va expandiendo y soltando las tensiones. ¿Cómo te sientes con estas dos modificaciones de tu cuerpo?

Si te has fijado, los niños a menudo sacan un poco la lengua cuando juegan, se concentran o están relajados. Es una muestra natural de estar conectados con ellos mismos, atentos pero sin tensión.

Para acabar

Después de esta práctica, os invitamos a incorporar este recurso en diferentes momentos de vuestro día a día y en el acompañamiento a los niños. Observa qué cambios se producen en ti y como esto influye en la relación con los otros. 

Recuerda: lo importante no es solo que hacemos, sino como lo hacemos.

homuncle de Penfield

 

Un artículo de:

Javier Castillo (técnico programa Komtü)


Las artes: el motor de la plasticidad cerebral y el bienestar emocional

Una característica que nos hace genuinamente humanos, que nos distingue en el reino animal, es nuestra capacidad para crear arte. Desde las primeras vocalizaciones que evolucionaron hacia un lenguaje metafórico y flexible hasta la primera flauta cortada en un hueso hace miles de años, las artes han sido una expresión fundamental de nuestra especie. Esta capacidad no es un simple adornamiento cultural; es una herramienta poderosa que modela nuestro cerebro, impulsa el aprendizaje y nutre nuestro bienestar emocional.  

Desde la perspectiva de la neurociencia, integrar las artes en la educación es imprescindible. Las experiencias artísticas vivenciales alimentan la plasticidad cerebral, es decir, favorecen la capacidad del cerebro para cambiar y adaptarse. Cuando los niños y niñas se sumergen en la música, el teatro, la pintura o la danza, no solo se divierten, están construyendo activamente las autopistas neuronales que sustentarán la capacidad de aprender, crear y conectar con otras personas a lo largo de toda la vida.

¿Qué suponen las artes desde la perspectiva de la neurociencia?

Más allá de una técnica o producto final, las artes son, en esencia, un ejercicio de flexibilidad, creatividad y simbolismo. Cuando un niño interpreta un personaje en una obra de teatro, filtra este rol a través de su propia manera de ser y de sentir, un acto profundamente creativo y personal. Un simple trazo puede representar una idea compleja y una melodía puede evocar una emoción profunda.   

Esta capacidad por aquello que es simbólico y abstracto es lo que permitió la evolución del lenguaje. Esta evolución no habría sido posible sin un cambio en nuestra laringe y, fundamentalmente, sin un cerebro preparado para la flexibilidad. Por lo tanto, las artes son una manifestación directa de las mismas cualidades que nos permitieron desarrollar la comunicación compleja y, gracias a esta, la cultura.

El impacto de las artes en un cerebro en proceso de aprendizaje

Un sistema educativo que pretenda acompañar el desarrollo integral de los niños tiene que centrarse a alimentar la plasticidad del cerebro. ¿Y como se consigue? A través de experiencias vivenciales, significativas y, si puede ser, multisensoriales. Aquí es donde las artes juegan un papel insustituible.

1. Fomentando la creatividad y el pensamiento flexible

Para ser creativos, necesitamos conocimientos y experiencias previas para poder combinar de maneras nuevas e inesperadas. Las artes son un laboratorio perfecto para este proceso. Ofrecen una infinidad de lenguajes y herramientas para que los niños exploren, combinen y transformen ideas. Cuanto más integramos las artes en todas las áreas del currículum, desde las matemáticas hasta las ciencias sociales, más estaremos favoreciendo un cerebro plástico y capaz de encontrar soluciones originales en los problemas.   

El juego infantil, de hecho, es teatro en estado puro. Es una representación simbólica y creativa de la realidad que les permite procesar el mundo. En cambio, el uso excesivo de pantallas limita esta experiencia a dos sentidos (vista y oído), hay una interacción a menudo pasiva, restando oportunidades para un desarrollo sensorial completo y una exploración creativa activa.

2. El papel clave del estado emocional al aprendizaje

La neurociencia nos muestra que no aprendemos en un vacío emocional. El estado en el que nos encontramos condiciona completamente nuestra capacidad para asimilar nueva información. No se trata de buscar sensaciones positivas (alegría, amor…) y evitar las negativas (miedo, ansiedad, ira…), sino de comprender qué sensaciones nos abren al aprendizaje y cuáles nos cierran. Una sensación de incomodidad o de miedo, por ejemplo, puede hacer que un niño no quiera volver a participar en una actividad teatral, bloqueando una vía de expresión valiosa.   

Hay dos estados emocionales proactivos que son especialmente potentes para el aprendizaje y que las artes ayudan a promover:

  • La curiosidad: Entendida como una manifestación de la sorpresa, la curiosidad es el verdadero motor del aprendizaje. Activa la motivación, y la motivación pone en marcha nuestro cerebro: aumenta el flujo de sangre, glucosa y oxígeno, haciéndonos más eficientes. Neurológicamente, se activa el cuerpo estriado, una zona del cerebro vinculada a la sensación de recompensa. Cuando algo nos genera curiosidad, aprender se convierte en una experiencia placentera. 
  • La confianza: Si como adultos confiamos en las capacidades de nuestro alumnado, confiarán en nosotros y, lo que es más importante, en sí mismos. La confianza es contagiosa. La autoconfianza es fundamental para atreverse a explorar, equivocarse y tomar decisiones. Las artes, al permitir que cada niño se exprese desde la singularidad y al valorar el proceso por encima del resultado, son una herramienta extraordinaria para construir una autoconfianza sólida.

3. Conectando cuerpo y mente para un aprendizaje integral

Nacemos con todos nuestros sentidos preparados para explorar el mundo, mucho más allá de los cinco que tradicionalmente denominamos. Somos una unidad de cerebro y cuerpo, y el aprendizaje es más profundo y duradero cuando se involucra la multisensorialidad.  

La danza requiere conciencia corporal; la música, una escucha atenta; el modelado, el sentido del tacto; el teatro, la expresión gestual y vocal. Si integramos el cuerpo y los sentidos en el proceso de aprendizaje, no solo lo hacemos más atractivo, sino que consolidamos las conexiones neuronales de manera mucho más robusta.

Como integrar las artes en el día a día

Reconocer los beneficios de las artes es el primer paso. El siguiente es crear espacios y tiempos para que puedan florecer tanto en la escuela como en casa.

  • Integrar, no solo añadir: En lugar de tratar las artes como una asignatura aislada, podemos buscar maneras de integrarlas en otros aprendizajes. Podemos representar crear una canción para recordar una fórmula matemática o modelar con arcilla el ciclo del agua. 
  • Valorar el proceso: El objetivo no es crear artistas profesionales, sino acompañar personas creativas y seguras. Es fundamental poner el foco en la exploración, el esfuerzo y la expresión personal. 
  • Proveer materiales diversos y poco estructurados: Materiales como teles, cajas de cartón, elementos naturales, pinturas o arcilla invitan a la creación libre y al desarrollo de la imaginación, a diferencia de los juguetes con un único propósito.  
  • Ser modelos de confianza: Nuestra actitud como adultos es clave. Si mostramos confianza en sus procesos creativos, sin juzgar ni corregir constantemente, damos el permiso que necesitan para explorar y expresarse libremente.

En definitiva, apostar por las artes en la educación es apostar por el desarrollo de personas más flexibles, creativas, empáticas y seguras de sí mismas.

Un artículo de:

Ana Caruezo (comunicadora científica y social)


La importancia de las asambleas de grupo en los centros: un espacio clave para el desarrollo integral del alumnado

Las asambleas de grupo se han convertido en una práctica pedagógica esencial en muchas escuelas de educación infantil y primaria. Este espacio, que a menudo en muchas escuelas se realiza a primera hora de la mañana y, de manera complementaria, a última hora de la jornada, ofrece mucho más que un rato para hablar. Es un momento clave para la relación, la cohesión del grupo, la expresión emocional, el desarrollo del lenguaje y la adquisición de valores democráticos y sociales.  

Se trata de una buena práctica que merece la pena difundir y que, a lo largo de este artículo, queremos ejemplificar con algunas propuestas concretas que pueden animar a implementarla en las escuelas.

Un buen inicio de jornada: la asamblea de la mañana

Empezar el día con una asamblea de grupo permite a los niños prepararse emocionalmente y mentalmente para la jornada escolar. Es un espacio de encuentro relajado, donde cada niño tiene voz y puede sentirse escuchado y reconocido. 

Habitualmente, la asamblea de la mañana incluye el saludo, la revisión del calendario, la previsión de las actividades del día y, a menudo, una conversación abierta sobre temas de interés personal o colectivo.

Ejemplo práctico

En la clase de I4, cada mañana los niños se reúnen en círculo y pasan una pelota suave para saludarse (el llamado objeto de palabra). Cuando tienen la pelota, pueden decir “Buenos días” y expresar como se sienten: “Estoy contento porque hoy viene mi abuelo a recogerme”, “Estoy un poco triste porque me he hecho daño en el dedo”. Este pequeño ritual permite al maestro detectar los estados de ánimo y adaptar la jornada si hace falta. 

Esta práctica crea rutina y seguridad, elementos fundamentales en las primeras etapas educativas. Además, fomenta habilidades socioemocionales como la autorregulación, la empatía, la conciencia emocional y la escucha activa. Los niños aprenden a respetar el turno de palabra, a expresarse con claridad y a tener en cuenta las opiniones de los otros, aunque sean diferentes de las propias.

La asamblea como herramienta para el desarrollo emocional

Una de las funciones más relevantes de las asambleas de grupo es el trabajo en competencias socioemocionales. A través de la palabra, el diálogo y la escucha, los niños pueden expresar como se sienten, compartir inquietudes o alegrías, y reconocer las emociones propias y ajenas. Esto refuerza la conciencia emocional y favorece un entorno empático y respetuoso.

Ejemplo práctico

En el grupo de 3.º de primaria, un niño comenta en la asamblea: “Ayer me enfadé mucho porque no me dejaron jugar en el patio”. Esta expresión abre un pequeño espacio de debate donde otros niños explican situaciones similares y se propone, entre todos, buscar una solución para que nadie se quede fuera del juego.  

El maestro recoge las aportaciones y, conjuntamente, se pactan nuevos acuerdos de convivencia. Cada niño expresa a que se compromete porque todo el mundo que quiera pueda participar en los juegos. Al cabo de unas semanas, en la asamblea se revisarán estos acuerdos para valorar si están funcionando o si hay que hacer ajustes. 

Estos espacios permiten detectar posibles conflictos de manera preventiva y darles respuesta antes de que se agravien. Cuando un niño puede verbalizar una preocupación ante el grupo, se siente escuchado y validado, y a menudo recibe una respuesta colectiva de apoyo y comprensión.

La cohesión de grupo y la participación democrática 

La asamblea promueve la participación activa de los niños en la vida del grupo, yendo más allá de la individualidad. A través de la toma de decisiones colectivas, como la organización de un juego, la resolución de un conflicto o la planificación de una salida, los niños experimentan qué significa ser parte de una comunidad. Aprenden a negociar, a ceder, a argumentar y a llegar a acuerdos. En definitiva, aprenden y practican vivir en comunidad, unos aprendizajes imprescindibles para la vida adulta.

Ejemplo práctico

En 5.º de primaria, el grupo quiere decorar la clase por la fiesta de Sant Jordi y los juegos florales de la escuela. Durante la asamblea, cada niño propone una idea: hacer rosas con papel, escribir cuentos y diseñar cómics inventados, crear puntos de libro para regalar al grupo de pequeños que apadrinan… Se apuntan las propuestas a la pizarra y se hace una votación. Finalmente, se decide hacer un mural colectivo y un recital de poemas. Todo el mundo se siente implicado porque la decisión ha sido compartida. 

Este proceso es fundamental para desarrollar competencias sociales y democráticas. El niño deja de ser un receptor pasivo de instrucciones y se convierte en protagonista de su aprendizaje y del funcionamiento del grupo. En definitiva, poco a poco toma parte activa de aquello que le afecta.

El cierre del día: reflexión y valoración

Del mismo modo es importando la asamblea de cierre, que a menudo se realiza a última hora del día. Este momento invita a mirar atrás y valorar cómo ha ido la jornada. ¿Qué ha gustado más? ¿Qué ha resultado más difícil? ¿Hay algo que queremos cambiar o mejorar mañana?

Ejemplo práctico

En I5, antes de marchar hacia casa, el grupo se vuelve a reunir y cada niño puede decir una cosa que le ha gustado del día. Una niña dice: “¡Me he reído mucho en el rincón de disfraces!”, mientras que otro añade: “No me ha gustado cuando Marco me ha dado un empujón”. Estas aportaciones permiten al docente detectar momentos relevantes y también posibles tensiones a trabajar al día siguiente. 

Este tipo de reflexión ayuda a los niños a desarrollar una mirada crítica y constructiva sobre sus propias acciones y experiencias. También refuerza la memoria, el pensamiento abstracto y la capacidad de poner palabras a vivencias personales. 

Además, la asamblea de la tarde permite cerrar emocionalmente el día, recoger sentimientos y prepararse para la transición hacia el hogar. Es un momento de calma y de escucha mutua que a menudo deja una imprenta positiva en el estado de ánimo de los niños.

Una práctica que requiere intención y planificación

Para que las asambleas sean realmente significativas, hace falta que estén muy planificadas y que se desarrollen en un ambiente de respeto y escucha activa. El adulto que las acompaña tiene un papel fundamental como modelo de comunicación asertiva, de gestión emocional y de facilitador de la participación. Igualmente importante es creer firmemente en esta propuesta como un espacio educativo más, evitando caer en la realización de las asambleas y espacios de grupo como un trámite.

Ejemplo práctico

En las asambleas, el o la maestra utiliza un “objeto de palabra” que se pasa de mano en mano. Solo habla quién tiene el objeto, y esto ayuda a regular los turnos y asegurar que todo el mundo tenga su espacio.  

Si un niño no quiere hablar, no se obliga: se respeta su tiempo y ritmo. Es posible que a medida que se gane confianza y seguridad, todo el alumnado participe de las asambleas si así lo desea. El maestro habla en primer o último lugar, evita interrumpir cuando otra persona habla y en definitiva, hace de modelado al resto de alumnado.  

No se trata solo de “hablar un rato”, sino de construir, día a día, un espacio de confianza donde cada voz cuenta y cada niño se siente parte del grupo, en un plan de igualdad y respeto. 

Las asambleas de grupo, tanto al inicio como al final de la jornada, son mucho más que una herramienta organizativa: son un pilar educativo que contribuye al desarrollo emocional, social y comunicativo de los niños. Fomentan la convivencia, la responsabilidad colectiva y el pensamiento crítico desde las primeras etapas escolares. Por eso, hay que seguir reivindicándolas como un tiempo educativo de calidad, necesario y transformador.

Un artículo de:

Joan Ronzano (psicólogo y técnico del programa Komtü)


El juego libre: la clave para el bienestar y el crecimiento infantil

En el día a día, tanto en casa como en la escuela, buscamos constantemente maneras de acompañar a los niños en su crecimiento. A menudo, nos centramos en actividades estructuradas y objetivos de aprendizaje concretos. Pero, ¿y si una de las herramientas más poderosas para su desarrollo ya estuviera a su alcance? 

Nos referimos al juego libre, una actividad espontánea, dirigida por los mismos niños y niñas, sin reglas externas ni objetivos predeterminados. Un motor fundamental para su bienestar emocional, creativo y social. En este artículo hablamos de los múltiples beneficios y sobre cómo podemos, como adultos, crear las condiciones necesarias porque se produzca.

¿Qué es el juego libre?

A diferencia de los juegos de mesa, los deportes organizados o las actividades guiadas, el juego libre se caracteriza para ser iniciado y dirigido por los niños. Son ellos quien deciden a qué jugar, como jugar y cuando cambiar de juego. No tiene unos objetivos externos, el propósito del juego es el juego en sí mismo, no ganar un premio o lograr un hito marcado por un adulto.  

Y es imaginativo y flexible. Las reglas, si hay, son creadas y modificadas por los niños. Hay que dejarles espacio para que exploren con cajas de cartón, disfraces improvisados, elementos naturales como piedras y hojas, o que creen historias en su habitación sin más intervención que su propia imaginación.

Más allá de la diversión: los beneficios del juego libre

El juego libre no es solo una manera de mantener los niños entretenidos. Es una actividad esencial que impacta directamente en muchas áreas de su desarrollo.

Fomenta la autonomía y la toma de decisiones

Cuando un niño juega libremente, toma constantemente pequeñas y grandes decisiones: «¿Qué haré ahora? ¿Cómo puedo construir esta torre para que no caiga?». Este proceso de toma de decisiones, sin la presión de tener que hacerlo «bien» según un criterio adulto, fortalece su autoconfianza y su sentido de la autonomía. 

De este modo, aprenden a confiar en su propio criterio, a gestionar sus recursos y a responsabilizarse del resultado de sus acciones.

Potencia la creatividad y la resolución de problemas

La creatividad no es solo una habilidad artística, es la capacidad de encontrar soluciones nuevas a problemas inesperados. Cuando no hay instrucciones, los niños tienen que inventar, experimentar y adaptarse. 

Pensar en un grupo de niños que quieren construir una cabaña en el patio. ¿Tienen que negociar, planificar, probar diferentes materiales y resolver problemas como por ejemplo «¿como hacemos que el techo se aguante?».

Gestión emocional y desarrollo social

El juego es el lenguaje natural de los niños y su principal medio para procesar el mundo. A través del juego simbólico (jugar a ser médicos, docentes, padres y madres…), recrean situaciones vividas, exploran diferentes roles y expresan emociones que quizás no saben cómo verbalizar. Además, cuando juegan con otros, aprenden a compartir, a esperar su turno, a negociar reglas y a gestionar la frustración cuando las cosas no salen como esperaban. Es un muy buen entrenamiento de las habilidades sociales.

Relajación, conexión interior y descubrimiento de intereses propios

El juego libre en solitario ofrece a los niños un espacio para relajarse, calmarse y conectar con sus propios pensamientos y sentimientos. Cuando juegan solos, pueden descubrir aquello que realmente les gusta, sin la necesidad de adaptarse a las dinámicas o intereses de los otros. Esta práctica fomenta la autorregulación emocional, la introspección y la exploración de los propios intereses, contribuyendo a un bienestar emocional profundo.

Desarrollo físico y motor

El juego libre a menudo implica movimiento: correr, saltar, construir… Estas actividades son fundamentales para el desarrollo de la motricidad gruesa y fina. Permitir que exploren sus límites físicos en un entorno seguro los ayuda a desarrollar una mayor conciencia corporal y a aprender a evaluar riesgos.

Como adultos, ¿cómo podemos facilitar el juego libre?

Nuestro papel no es dirigir el juego, sino crear las condiciones adecuadas para que pueda surgir:

  • Crear espacios seguros y estimulantes. No hacen falta juguetes caros. Materiales como cajas de cartón, almohadas, arcilla o elementos de la naturaleza son ideales porque fomentan la imaginación.
  • Ofrecer tiempo no estructurado. En un mundo lleno de agendas y extraescolares, es crucial garantizar que los niños tengan ratos para aburrirse, porque es precisamente del aburrimiento de donde surgen las ideas más creativas.
  • Confiar en sus capacidades. Como adultos, tenemos la tendencia a intervenir para «ayudar» o «corregir». Es importante dar un paso atrás y observar. 
  • Valorar el proceso, no el resultado. Lo importante no es la torre perfecta o el dibujo bonito, sino todo el proceso de exploración, goce y aprendizaje que hay detrás.

En definitiva, dar espacio al juego libre es un acto de confianza en la capacidad innata de los niños para aprender y crecer. Es reconocer que son los protagonistas de su propio desarrollo. Como educadores y familias, nuestra tarea más valiosa es simplemente preparar el escenario, garantizar la seguridad y, después, disfrutar del espectáculo mientras crean y se descubren a sí mismos.

Más información:

  • Torres-Ortiz, K., Escobar-Areche, C., & García-Medrano, G. (2025). El juego libre en la educación inicial: una revisión narrativa. Maestro y Sociedad, 22(2), 981-992. 
  • Huaman Bobadilla, M. D. P., & Sucsa Trujillo, M. A. (2024). El juego libre favorece el desarrollo socioemocional en el nivel inicial ciclo II. 

Un artículo de:

Ana Caruezo (comunicadora científica y social)


Yo no quería jugar a malabares: El reto de ser madre (o padre) cuando estás enfermo

Malabares.

Esta podría ser la palabra que define el proceso familiar a lo largo de una enfermedad.

Dicho así puede sonar difícil, inasumible, especialmente cuando, bien seguro, no estamos en nuestro mejor momento. Pero no lo es, porque es en estas situaciones cuando se dejan ver todos los recursos de los que disponemos. Y porque en realidad la familia es un engranaje amplio, del cual descubrimos la fortaleza precisamente en estos momentos.

Evidentemente, no hay recetas mágicas. Cada casa es un mundo, cada familia tiene sus características y las edades de los niños marcan mucho la diferencia. Pero quizás podría destacar dos elementos básicos que, al menos en mi caso, han estado clave.

Por un lado, diría que este es un proceso que hay que afrontar con mucha humildad. Ser humilde es también saber ocupar tu lugar. La vida te está pidiendo que te pares, que te mires y te dediques tiempo: para digerir, para transitar, para estar presente y poder responder a las necesidades de la situación. Aunque no te encuentres en tu mejor momento, es desde esta mirada de transición y presencia que puedes acompañar de manera natural y abierta.

Por otro lado, destacaría el propio hecho de acompañar. Hace unos años, descubrí el significado etimológico de esta palabra, que proviene del latín “ad-cum-panis”, que literalmente quiere decir: compartir el pan en el camino. Y me parece que, precisamente en este momento, entender el acompañamiento como compartir, va como anillo al dedo. Pues es esto lo que se hace en este momento: compartir momentos, diálogos, preocupaciones, silencios… Y se hace en todas las formas verbales: acompañarse (a un mismo), acompañar el camino que tienen que transitar también aquellos que te quieren y te aprecian, acompañarnos como familia/amigos, dejarse acompañar…

Es así como, una cosa que a priori parecería compleja, con humildad y acompañamiento, se vuelve factible, fluida.

Y como pasa con los malabares, que al principio cuestan y están las pelotas más en el suelo que en las manos, poco a poco, todo se transforma, cada uno de los actores aprende a ocupar su nuevo lugar y todo empieza a rodar como unos malabares que al principio parecían imposibles.

Un artículo de:

Anna Rallo (psicopedagoga y técnica del programa KOMTÜ)


Inicio de curso 2025

Después de unos meses de verano donde hemos podido disfrutar de la calma que comportan las vacaciones, donde los horarios, las rutinas diarias y los hábitos se desdibujan (y suerte que lo podemos hacer!), nos acercamos al inicio de curso y lógicamente nos toca poner “orden” al ritmo veraniego. Los adultos ya lo hemos ido haciendo y ya sabemos qué tenemos que hacer cuando nos toca volver a la rutina. Nos costará pero acabamos entrando. Nuestros hijos e hijas también se acaban adaptando. Para que sea más agradable este final de verano y el inicio de las rutinas que comporta el curso escolar, os proponemos varias actividades e ideas a tener en cuenta, para que esta entrada sea agradable e incluso, divertida.

Ideas y recomendaciones para adquirir hábitos y rutinas al inicio del curso escolar:

1. Lluvia de ideas de hábitos importantes

Pide a tus hijos/as que hagan una lluvia de ideas de aquellos hábitos que son importantes para la vuelta a la escuela. Podéis ir apuntando todas las propuestas en una pizarra o una hoja de papel.

Con esta lluvia de ideas conjuntas podemos reconocer cuáles son las inquietudes, preocupaciones, motivaciones que puede estar experimentando nuestro hijo/a y también compartir las que sentimos nosotros como adultos.

2. Calendario con días restantes

Los niños no tienen la misma concepción de espacio y tiempo que tenemos los adultos. Por lo tanto, a veces puede ser complicado que entiendan cuántos días faltan para que llegue un acontecimiento.

Una buena propuesta para ir recordando y trabajando con ellos y ellas los días de la semana, matemáticas y la concepción del espacio y el tiempo puede ser elaborar un calendario, donde de forma conjunta marcamos el día en que se produce el acontecimiento importante y posteriormente vayamos marcando los días que faltan para llegar a esta fecha.

Además, podemos poner en este calendario alguna pregunta que nos ayude a saber cómo lo está viviendo nuestro hijo/a, algún ejemplo puede ser:

  • ¿Cómo te hace sentir ver que quedan 3 días para volver a la escuela?
  • ¿A quién tienes ganas de ver?
  • ¿Cómo te imaginas que será tu nueva clase?
  • ¿Qué es importante para ti aquel día?

Con esta lluvia de ideas conjuntas podemos reconocer cuáles son las inquietudes, preocupaciones, motivaciones que puede estar experimentando nuestro hijo/a y también compartir las que sentimos nosotros como adultos.

3. Preparar la mochila con anterioridad

Otra propuesta muy sencilla es preparar la mochila con anterioridad. Lo podemos hacer un día o la tarde antes de volver a la escuela.

Para hacerlo tendremos que mirar qué puede necesitar el primer día, seguramente todavía no tendremos el horario disponible, así que dentro de la mochila podemos poner:

  • El librito con las tareas de verano
  • Un estuche con el material necesario
  • Una libreta
  • Una carpeta
  • Una botella con agua

Al mismo tiempo, también podemos aprovechar este espacio para seguir compartiendo momentos y seguir conociendo a nuestro hijo/a. Por lo tanto, también le podemos acompañar a llenar esta mochila con:

  • Un recuerdo que quieras compartir con tus compañeros/as de este verano
  • Una emoción que estés sintiendo antes de ir a la escuela
  • La emoción con la que te gustaría empezar este nuevo curso
  • Un deseo para este nuevo curso escolar

4. Volver poco a poco a las rutinas que seguimos durante el curso escolar

Los cambios nos generan “movimiento” a todas y todos, por eso es importante que estos no acostumbren a ser repentinos y los pueda ir viviendo y sintiendo despacio.

A los niños les sucede lo mismo, un cambio o una vuelta a una rutina, de forma repentina, les genera un impacto que les puede ser difícil de asimilar, además del impacto emocional que deriva.

Para acompañar en este cambio, esta vuelta a la rutina, nos puede ayudar como cuidadores/as ir volviendo progresivamente a las rutinas y los horarios que teníamos marcados durante la época escolar.

Una semana, máximo dos, antes del inicio escolar, nos podemos sentar con nuestros hijos e hijas y de forma conjunta, hablar y recordar qué eran las responsabilidades y los horarios que teníamos durante el curso anterior.

Este puede ser también un buen momento para revisar si hay tareas y responsabilidades que ya pueden hacer de forma más autónoma (hábitos de higiene, tareas escolares, asear su habitación, preparar mochila) y en qué todavía necesitan nuestro apoyo.

Además, aprovechando este espacio también podemos revisar los horarios y marcar nuevos (si es necesario), recordando que los podemos dejar escoger (dentro de unos límites que marcamos los adultos). Una vez lo hayamos pactado, podemos crear un mural para colgarlo en un lugar visible, como puede ser la nevera, para que todo el mundo lo tenga presente.

5. Una carta al «Yo futuro»

Una actividad muy sencilla y a la vez muy enriquecedora que nos permite estar en familia es escribir una carta dirigida al “yo del futuro”, al niño o niña que serán a final de curso.

Con esta carta los niños y las niñas toman conciencia del momento presente, de los deseos, expectativas y emociones que viven y a la vez les permite abrir un espacio de reflexión y proyección de futuro.

Para hacerla, podéis proponerle que escriba, dibuje o grabe (si es muy pequeño o no le gusta escribir) una carta donde explique cosas como:

  • ¿Cómo se siente ahora que empieza el curso?
  • ¿Qué le da miedo y que le hace ilusión?
  • ¿Qué cosas le gustaría aprender este año?
  • ¿Qué deseos tiene para él/ella misma o para su clase?
  • Un consejo que se daría a él/ella misma para cuando esté cansada o le cueste algo.

Esta carta la podéis guardar juntos en un sobre cerrado, decorarla, escribir la fecha de apertura (último día de curso o final de trimestre) y guardarla en un lugar especial: una caja, la mochila, la mesilla de noche…

Cuando llegue el momento de abrirla, será un momento precioso para ver todo el camino recorrido y todo lo vivido.

6. Dar un paseo hasta la escuela  

Los niños, igual que los adultos, a menudo necesitan volver a conectar con los espacios que forman parte de su día a día para sentirse más seguros. Un par de días antes de iniciar el curso, os proponemos dar un paseo hasta la escuela. Puede ser un paseo sin prisas, donde podáis volver a mirar juntos el edificio, la entrada, el patio… y hacer memoria de cómo era este lugar antes de las vacaciones.

Durante la caminata, podéis aprovechar para hablar sobre cómo se imagina que será este nuevo curso:

  • ¿Con quién crees que estarás en clase?
  • ¿Hay algo que te haga ilusión?
  • ¿Recuerdas algún momento bonito del curso pasado?
  • ¿Qué te gustaría que fuera diferente este año?

Este momento también puede ser una oportunidad para escuchar posibles desazones que tenga y validarlos. A veces, simplemente volver a ver la escuela, pero hacerlo de la mano de un adulto de confianza, puede ayudarles a reducir la ansiedad y a anticipar la vuelta desde un lugar más tranquilo.

Además, podéis acabar el paseo con alguna actividad especial: parar a merendar, hacer una foto juntos delante de la escuela, dibujar juntos como se imaginan la clase… Todo esto contribuye a hacer de la vuelta una experiencia significativa y más segura.

7. Llegar puntuales el primer día

Es importante que el primer día ayudemos a nuestros hijos/as a que la llegada a la escuela sea tranquila, pausada y sin prisas. Todos sabemos que el primer día de escuela es un día de emoción y nervios, y hay que tenerlo lo más preparado posible.

Este primer día, tenemos que despertarnos un poco antes, poder hacer lo que tenemos previsto con los hijos e hijas con calma, sin presiones. Poder ayudar al niño/a a dejar ropa, mochila… preparado el día antes, seguro que permitirá que por la mañana nos podamos dedicar a estar por ellos y ellas, no por lo que se tiene que hacer.

También es recomendable preguntar cómo se sienten, si hay nervios, miedo, alegría…. ayudar a expresar la emoción predominante de aquel momento permitirá reconocerla y, por tanto, poder regularla si hace falta. Y si es muy intensa, poderla compartir con la maestra cuando llegue a la escuela.

Solo desde el reconocimiento y el acompañamiento, podemos ayudar a calmarla.

8. Dedicar un rato al día a hacer tareas

Las primeras semanas de clase suelen ser emocionalmente muy intensas, la vuelta a la escuela puede generar situaciones a las que cueste adaptarse. En estos momentos iniciales, la parte académica puede quedar a un lado porque es importante poder atender la parte emocional, y crear un buen clima de aula.

Podemos, no obstante, ir ayudándole a coger cierto hábito de trabajo de las tareas escolares, ofreciendo un ratito, corta, de conexión con la parte formativa de la escuela. Sin que suponga un malestar para el niño/a, es recomendable poder dedicar un rato al día para repasar las tareas escolares. Poder dedicar un rato, permitirá sentir que este será un hábito habitual durante el curso. Es importante que el espacio dedicado a realizar las tareas escolares sea un espacio concreto y no que cada día varíe de lugar, para favorecer la orden y la concentración. Hace falta que este sea un espacio cómodo, muy iluminado, y que permita generar un clima de estudio adecuado. Irnos familiarizando con este espacio desde el inicio de curso, ayudará a generar un buen hábito de estudio.

Estas son diferentes propuestas para que la vuelta a la rutina de septiembre sea más sencilla, más fácil, después de la actividad del verano. Esperamos que os sean útiles y que os permitan acompañar a vuestro hijo y/o hija en estos momentos del curso donde las emociones están más activadas.

Fez clic para descargar el documento de “Hábitos y rutinas al inicio del curso”


¿Es necesario que los niños y las niñas hagan deberes durante las vacaciones de verano?

La llegada de las vacaciones escolares genera una pregunta frecuente entre muchas familias: ¿hacen falta las tareas de verano para los niños? ¿Qué dice la neurociencia sobre el aprendizaje durante este período? ¿Qué actividades pueden ser realmente enriquecedoras para su bienestar y desarrollo cognitivo?

La pérdida de aprendizaje durante el verano

Varios estudios confirman la existencia de un fenómeno llamado summer slide o pérdida de aprendizaje durante las vacaciones de verano. Se estima que los niños pueden retroceder hasta 2 o 3 meses en habilidades tales como matemáticas o lenguaje si no participan en actividades de estimulación.

Este efecto es especialmente notable en contextos más vulnerables en los que la escuela suele ser la principal o única fuente de estímulos intelectuales

Aunque el descanso y la actividad física son esenciales, también es importante mantener una activación cognitiva mínima para no perder los progresos conseguidos durante el curso. Pero no todas las experiencias son iguales. Un verano lleno de juego libre, lectura, conversaciones familiares o juegos de mesa tiene un impacto muy diferente a uno dominado por el sedentarismo y las pantallas. El segundo puede llevar a una pérdida significativa de aprendizaje, además de afectar al sueño, la atención y el bienestar general.

¿Tareas tradicionales o aprendizajes significativos?

Las personas expertas en neurociencia coinciden en que no es necesario replicar las tareas escolares en casa durante el verano. Por el contrario, las actividades repetitivas y poco personalizadas pueden ser contraproducentes, generando estrés y desmotivación hacia el aprendizaje.

En su lugar, las actividades significativas y adaptadas a los intereses de los niños, como juegos de mesa, deportes, talleres culturales o salidas al aire libre potencian el desarrollo cognitivo y creativo. 

Además, fomentan competencias sociales, expresivas y lingüísticas de forma más lúdica y relajada que durante el año escolar.

Las oportunidades no siempre son las mismas

Es importante reconocer que no todas las familias pueden acceder a colonias, campamentos o actividades de verano. Éstas suelen ofrecer experiencias cooperativas donde los niños trabajan habilidades sociales, regulan emociones y desarrollan trabajo en equipo, además de incluir movimiento físico. 

Esta desigualdad económica o la falta de acceso cultural en algunos territorios puede limitar en serio las opciones de aprendizaje durante el verano. La brecha educativa y emocional tiende a ampliarse, afectando al desarrollo de los niños que no pueden disfrutar de este tipo de experiencias enriquecedoras.

¿Qué actividades son recomendables?

Los cuadernos de verano tradicionales pueden ser una opción complementaria pero no esencial. Alternativas igualmente útiles pueden ser los pasatiempos clásicos como sudokus o sopas de letras.

  • Variedad de estímulos: Visitas a la naturaleza, museos o momentos de lectura compartidos son experiencias ricas en aprendizaje.
  • Aprender jugando: Juegos simbólicos, de mesa o artísticos tienen un alto valor educativo. Juegos como Scrabble, Triominos, Jenga o Dixit ayudan a desarrollar habilidades sociales y pensamiento estratégico.
  • Interacción social: Fomentar conversaciones significativas y relaciones entre iguales es esencial.
  • Tareas cortas y diversas: Mejor pequeñas propuestas adaptadas al ritmo de cada niño. Por ejemplo, actividades como ver una película y debatirla, leer y compartir impresiones o preparar una explicación sobre algo aprendido en una visita cultural.
  • Lectura libre: Una de las actividades más recomendadas por docentes y expertos en neurociencia, puesto que mantiene activos los procesos cognitivos y fortalece el placer de aprender.

No se trata de sobrecargar a las niñas y los niños con tareas escolares, sino de encontrar un equilibrio entre descanso, juego y experiencias que nutran su curiosidad e interés por aprender. Las vacaciones son una excelente oportunidad para explorar otros contextos y lenguajes de aprendizaje, siempre respetando las necesidades individuales de cada niño.

Un artículo de:

Maribel de la Cerda Toledo (doctora en pedagogía y responsable del programa KOMTÜ) y Ana Caruezo Carnero (comunicadora científica y social)


El verano en familia

Ahora que estamos entrando en verano, queremos proponeros una actividad para poder planificar el verano y/o salidas en familia, de forma que todo el mundo sienta que puede participar y puede disfrutar.

Ya sabemos que la convivencia es compleja, y el verano es una época especialmente sensible, si no ponemos medidas, a tener discusiones familiares. Elegir o decidir que hacemos en familia en nuestro tiempo libre puede acontecer, o bien un momento de tensión porque cada cual quiere hacer valer su opinión, o bien un espacio constructivo, de diálogo, negociación y expresión entre los diferentes miembros de la familia.

A continuación, os proponemos una actividad para facilitar este momento de bienestar en familia:

  • Buscamos un rato tranquilo con tiempo suficiente para poder hablar toda la familia sobre que nos gustaría hacer a lo largo del verano. Es importante que no haya distracciones (TV, móviles, etc).
  • Los padres/madres explican la propuesta: cada semana, un miembro diferente de la familia puede proponer una actividad/salida para que toda la familia la haga. Esta actividad se apuntará a una parrilla (que también la pueden diseñar o decorar los niños) y estará visible en un lugar común del domicilio, por ejemplo en la nevera.
  • También es importante que los adultos referentes señalen el marco de las propuestas (es decir, si una semana se hace una actividad de pago, la otra tiene que ser gratuita, o bien delimitar la distancia máxima a la que se puede ir, etc). Estos límites tienen que haber sido pactados previamente entre ellos/as.
  • Cada miembro de la familia podrá elegir la actividad que le apetezca en las semanas que se le hayan asignado. Si un niño, por ejemplo, elige una actividad que no es del gusto de los otros, tiene que esforzarse para convencer al mayor número de miembros de la familia, hacer votaciones si hace falta y si no sale aceptada tendrá que proponer otra o hacer adaptaciones a la propuesta inicial.
  • Una vez ya se tienen las actividades elegidas y pactadas con el resto de la familia, es responsabilidad de cada miembro que ha hecho la propuesta investigar y buscar los detalles de esta salida. En función de su edad y capacidades le hará falta la ayuda de algún adulto o hermano mayor.
  • Una vez hecha la actividad, también puede ser divertido que cada persona haga una valoración (a modo reseña en Google) del que más le ha gustado, del que menos, si lo repetiría o no, y aspectos de mejora de la organización, estrellas con que puntuaría,… Por ejemplo, en el viaje de retorno de la salida, puesto que todos estamos juntos.

Con este juego, estaremos trabajando diferentes habilidades para la vida, como por ejemplo la negociación, la tolerancia a la frustración, la capacidad de ahorro y planificación, el autocontrol a través de la espera, la creatividad, la flexibilidad y adaptabilidad a los deseos de los otros. A parte, también podemos mostrar a los niños como lo que aprenden en la escuela tiene una aplicación directa en su vida diaria (lectura, escritura, dibujar…).

Además, los padres tienen que velar para que:

  • la propuesta sea segura y viable, y si implica pasar el día fuera y queremos abaratar costes, podemos preparar la comida juntos y así compartir otro rato en familia donde hablar de los hábitos saludables y de la economía familiar.
  • que allá donde vayamos sea un espacio confortable y llevamos todo el material o ropa que corresponda, ej. sombrilla para ir a la playa, agua, gorras…
  • que todo el mundo pueda sentir que a pesar de que quizás alguna actividad no es de su gusto, es capaz de adaptarse para poder hacerla en familia.

Esta propuesta es perfectamente extrapolable en cualquier momento del año (curso escolar, Semana Santa o Navidad). Os animamos a llevarla a cabo, y si os apetece nos podéis explicar vuestra experiencia. ¡Buen verano a todo el mundo!

Haz clic para descargar el documento de “Verano en familia”


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