Cuando somos un equipo en la escuela
Participar en proyectos colectivos genera en los niños muchos beneficios, favorece el desarrollo de habilidades sociales, emocionales y cognitivas, e incrementa su motivación para aprender y crear.
Un proyecto compartido despierta en el niño un interés y una motivación frutos de la pertenencia, de ser parte de este grupo con la importancia de tener un objetivo común, y de sentirse útil para lograrlo.
Somos seres sociales, y tanto el hecho de hacer en grupo como el de construir y crear, nos produce satisfacción. Por lo tanto, cuando juntamos las dos cosas en un proyecto comunitario tenemos la fuerza del grupo al servicio de la persona y la fuerza de la persona al servicio del grupo. De este modo, se incentiva la motivación para hacer, para aprender, para crear y por el bien de la comunidad, aspectos que llevan a disfrutar de lo que hacemos y más todavía, a un sentido de plenitud.
Cuando en la escuela los niños trabajan en equipo ponen en juego una serie de habilidades que serán útiles en sí mismas por la proyección a la sociedad. El hecho de interaccionar con unos objetivos claros a lograr, les dará herramientas para relacionarse y favorecerá la capacidad de escuchar y aceptar diferentes opiniones, de debatir, de argumentar, de dar valor a sus ideas, de llegar al consenso, de crear conjuntamente, de exponer, de planificar, de organizar, capacidad de razonamiento, el pensamiento crítico…
Durante el proceso, los niños se enfrentan a retos y aprenden a resolver dificultades que van surgiendo en el proceso y logran una actitud cooperativa y no competitiva, aprendiendo a aprovechar la diferencia, la riqueza de cada cual. Descubren que su papel es importante y tienen en cuenta a los otros favoreciendo su compromiso. Se hacen responsables de su tarea incidiendo directamente en su autonomía y autoestima.
Trasladamos el concepto “somos un equipo” a casa
Un niño conoce qué es un equipo gracias a un cuento, unos dibujos o un deporte, como puede ser un equipo de fútbol. Sabe que cada jugadora desarrolla su rol y cuando la defensa, la delantera y la portera están en su lugar, pendientes de la pelota y de sus compañeras, es cuando pueden marcar gol.
A partir de una metáfora próxima al niño, podemos trasladar la idea de que “en casa somos un equipo”. Cuando el niño vive esta idea, la educación en los hábitos y las responsabilidades se convierte en una experiencia compartida: se siente implicado en el funcionamiento de la familia y en su propio proceso educativo.
El niño entiende que nos implicamos en el funcionamiento del hogar para que el engranaje funcione, y cada cual hace lo que le corresponde según su etapa evolutiva. Esta idea promueve una vivencia de construir juntos, de trabajar unidos por objetivos comunes.
Esto contrasta con el modelo en el que los niños crecen pensando que los adultos hacen y ellos van preguntando y reciben. Cuando el niño se siente escuchado, siente que su aportación es valorada, la implicación y la motivación surge de manera natural. De este modo, crece siendo consciente de su propio proceso de aprendizaje de sus avances y de sus retos.
En este proyecto común, los adultos podemos ayudarlos a ver qué pueden hacer, qué pueden aprender y que quizás podrán hacer más adelante.
Algunos ejemplos pueden ser:
- pintar juntos una pared de la habitación y decidir el color (entre opciones adecuadas),
- llevar los pañales a la basura,
- construir algo juntos,
- hacer una receta o un recetario,
- remodelar la habitación,
- crear un álbum familiar,
- hacer un huerto o planificar una salida familiar.
En la familia, compartimos y celebramos tanto los éxitos individuales como los colectivos, y disfrutamos de lo que conseguimos juntos. Uno de los rasgos más bonitos del trabajo en equipo es la confianza: saber que cada cual hará su parte y que todo el mundo estará dispuesto a echar una mano cuando haga falta. Francesco Tonucci, pedagogo y dibujante (Italia 1941), en su libro “la Ciudad de los niños” y todos los proyectos que desarrolla, fomenta la participación de los niños en la vida pública y lo hace pensando en dos aspectos:
- Si hacemos las ciudades amables para los niños serán más amables para todo el mundo.
- Los niños pueden hacer aportaciones (y lo hacen cuando ven que hay una persona que se interesa).
Cuando el niño ve que su aportación es acogida se siente útil, escuchado, favorece su autoestima porque su opinión es considerada y que su demanda es validada. En definitiva, el trabajo en equipo es tan bueno por el trabajo en sí mismo como por el bienestar que genera en las personas.
Un artículo de:
Mireia Planells (técnica programa Komtü)

